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martes, 6 de octubre de 2009

La Catedral del Mar o como reirse de la Historia de Aragón... Francisco Ros

La Catedral del Mar o como reirse de la Historia de Aragón...
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Mi buen amigo Marcos, me hace llegar un texto que reproduzco íntegramente. Es un comentario sobre la novela histórica "La Catedral del Mar" de Ildefonso Falcones, editorial Grijalbo. No tiene desperdicio...

"Es, ciertamente, una obra que se lee con facilidad y por ello se ha convertido en uno de los libros más vendidos en 2006, fecha de su publicación. La novela transcurre en la Barcelona del s. XIV, con lo que podríamos añadirla a la larga lista de novelas históricas que parecen tener un gran éxito de lectores en los últimos años.

Sin embargo, para el lector aragonés mínimamente sensible con la historia de su país, la lectura de esta novela le lleva a la conclusión de que estamos ante la enésima prueba de la manipulación histórica a la que Aragón está siendo sometido por determinados círculos políticos –y, lo que es peor, sociales y culturales- de Cataluña desde hace ya demasiados años. El lector comprueba, una vez más, la necesidad ansiosa que parecen sentir diversos sectores catalanes por inventarse una historia de Cataluña –una, grande y libre, de nuevo- a costa de la realidad de los hechos del pasado. Lo que ocurre es que esa invención de la historia debe hacerse necesariamente a costa de otros pueblos con los que en el pasado se compartió destino político, especialmente Aragón. Olvidan esos sectores que Aragón sigue existiendo y siguen existiendo aragoneses. Y, por muy pocos que seamos, no dejaremos de denunciar el intento de manipular la realidad histórica de Aragón y no dejaremos de defender la dignidad de nuestros antepasados y de nuestro país.

Lo más sangrante de esta novela para los aragoneses no es lo que dice, sino lo que calla. El sufrido lector aragonés ya se empieza a temer lo peor cuando en la página 68 se dice que “Sicilia ya pertenecía a la corona desde tiempos de Pedro el Grande”. ¿A qué corona se refiere? ¿Por qué se oculta que se trata de la corona aragonesa?

Sin recuperarse del “olvido”, en la página siguiente, la página 69, se habla de “los barcos con bandera del principado”. Sin duda el autor se ha olvidado de ilustrarnos sobre cómo era esa bandera. Indudablemente no se refiere a la cuatribarrada que ha llegado a nuestros días, porque ésta era patrimonio de la casa real de Aragón. ¿O se refiere a ésta el autor?

Más misterio encontramos en la página 276, donde se lee: “la obsesión del rey Pedro por reunificar los antiguos reinos catalanes que Jaime I el Conquistador dividió entre sus herederos”. ¿De qué antiguos reinos catalanes se está hablando? Afortunadamente no se explaya el autor porque lo contrario hubiera sido peor.

En la página 249 se señala que “el conde de Barcelona, príncipe de Cataluña, era tan sólo un primus inter pares para la nobleza catalana y así lo demostraba el juramento de homenaje que recibía: “Nosotros, que somos tan buenos como vos, juramos a vuestra merced, que no es mejor que nosotros, aceptaros como rey y señor soberano, siempre que respetéis nuestras libertades y leyes; si no, no”. Lástima grande que el autor se olvide (o desconozca) que semejante juramento pertenece a los antiguos Fueros de Sobrarbe, de los que hoy podemos leer un fragmento en el monumento al Justicia de Aragón ubicado en la plaza de Aragón, en Zaragoza.

El autor menciona en las páginas 287 y 304 sólo a tres de los numerosos nobles aragoneses que dieron apoyo al rey Pedro III de Aragón en sus empresas bélicas: el conde de Luna, Blasco de Alagón (bautizado por el autor como Blasco de Alagó) y Joan Ximénez de Urrea (así en la página 287, aunque en la página 304 aparece como Juan; sin duda, un lapsus del autor).

En la página 328 se habla de los almogávares, mercenarios de diversas procedencias al servicio del rey de Aragón. Refiere el autor los gritos de ánimo de los almogávares antes de pasar a la acción: “¡Despierta, hierro!” (curiosamente, el autor lo escribe en castellano), “¡Sant Jordi!” (aquí sí en catalán). Lamentablemente se olvida del tercer grito, éste definitivo, cuando se lanzaban al ataque: ¡Aragón, Aragón!

A estas alturas de la novela, el lector aragonés ya casi ha perdido la paciencia, pero sigue leyendo hasta el fin para ver hasta dónde alcanza la osadía del autor. Y, ciertamente, su osadía llega lejos: en la página 323 se dice que “los nobles y caballeros de Aragón abandonaron al rey y partieron con sus ejércitos hacia sus tierras”. Poco después, en la página 378, incluye a la moneda “jaquesa, acuñada en Jaca” entre las “demás monedas catalanas”. Sin darnos respiro, en la página 382 el autor nos asegura que el rey Pedro “recuperó las tierras catalanas de sus antepasados: Mallorca, el Rosellón y la Cerdaña”.

Tenemos que ir a la página 489 para leer, por primera y única vez, la expresión “reino de Aragón”. Asimismo, tenemos que ir a la página 609 (sesenta y una antes del final) para leer, por primera y única vez, la expresión “corona de Aragón”.

Resulta altamente llamativo que algunas veces la información que se da de los personajes históricos sean completa y otras, en cambio, sospechosamente breve. En la página 103 se habla del “conde de Barcelona, Ramón Berenguer IV”. Asimismo, en las páginas 411 y 491 se habla del “rey Pedro el Cruel de Castilla”. Completísima información: título y nombre completo del personaje. Lástima que esta completa información no se dé con los diversos reyes de Aragón que se mencionan en la novela. Veamos: en las páginas 45, 72 y 365 se habla del rey Jaime el Conquistador, pero no se dice que es rey de Aragón; en las páginas 274, 275, 322 y 323 se habla del rey Pedro, pero no se dice que es rey de Aragón; en las páginas 69, 80, 178, 180, 198, 203 y 217 se habla del rey Alfonso, pero no se dice que es rey de Aragón; en la página 69 se habla del rey Jaime II, pero no se dice que es rey de Aragón.

Buena novela histórica, pero lamentable en términos de rigor histórico. ¿Una mentira repetida mil veces, pasa a ser una verdad? Los aragoneses deberemos hacer muchos esfuerzos para desenmascarar los intentos de tergiversar la historia de nuestro país, pero que nadie dude que los haremos. Nuestra dignidad personal y colectiva, el respeto a nuestros antepasados y las obligaciones que tenemos con las generaciones futuras, así lo exige."

Es una lástima que continuamente tengamos que estar reinvindicando la veracidad de la Historia. Lo insultante es que el gobierno PSOE-PAR en estos asuntos y similares se queda quieto en la mata. No hay que molestar. De todas las maneras tienen otros interesantes motivos para no mirar: la pela es la pela
Jueves, 18 de Enero de 2007 21:19 #.
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Autor: Santiago Tazón

El comentario es magnífico. Trataré de darle la mayor difusión.
Podría añadir que en las páginas 128-129 se hace referencia a que los reyes eran coronados en Zaragoza, pero sin mencionar que fuesen reyes de Aragon.
Y este libro se lee más que cualquier libro de historia...(y no digamos si se lleva al cine)

2 comentarios:

Esveritate dijo...

Boira, no solo se rien de la historia de Aragón, lo hacen con todas las historias que no favorecen sus intereses.

Son tan sumamente ignorantes, que nos toman como si fuesemos un ganado y ellos los pastores, para poder dirigirnos por la senda que les interesa.

Conocen bien que para cambiar la historia a sus propios intereses, no hace falta mentir (que también lo hacen) solo basta con omitir y que las nuevas generaciones lleguen a desconocer cúales son sus orígenes.

BOIRA_A dijo...

De eso se trata Esvaritate, de omitir, pero en este caso concreto habria que decir qal santo hay que adorarlo por la peana y con Don sin din no es don sino din yu la generalidad ha solatdo la pasta gansa para que escriban este pamfleto

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