Monseñor Piris, Obispo de Lerida, es un Ladron




EL Obispo Piris, de Lerida, es un ladrón


Mostrando entradas con la etiqueta Benedicto XIII. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Benedicto XIII. Mostrar todas las entradas

jueves, 12 de agosto de 2010

La pugna entre Francia y Aragón

La pugna entre Francia y Aragón

'La suya no era la típica tozudez aragonesa. Benedicto XIII adoptó una postura firme porque se creía dotado de razón. De ahí que dijera constantemente 'Non possumus' (No podemos) con ese plural mayestático que utilizan los papas: no podía dejar de ser papa', recuerda Jesús Maeso de la Torre. Sólo podía rendirle cuentas a Dios.

Benedicto XIII fue, además, una persona de una enorme elocuencia. 'Retó a la facción que se oponía a él a un encuentro delante de 100 teólogos para ver quién era el legítimo papa. No querían hablar con él porque le temían a causa de que era un elocuente polemista', afirma Maeso de la Torre.

El Papa Luna vivió en una Europa llena de conflictos donde las distintas potencias trataban de sacar la mejor tajada. 'Francia quiso utilizarlo y él no se dejó. Los franceses temían que el reino de Aragón adquiriese un poder excesivo', explica el autor de Al-Gazal, el viajero de los dos orientes. En efecto, la Corona de Aragón, también conocida como confederación catalano-aragonesa, agrupaba estos dos territorios, así como los reinos de Mallorca, Valencia, Sicilia, Cerdeña, Nápoles y los ducados griegos de Atenas y Neopatria. Precisamente, el rey Alfonso V el Magnánimo, conquistador de Nápoles, utilizó a Benedicto XIII como un elemento más de su política expansionista.

'El Papa Luna fue utilizado por los reyes de Aragón como un arma arrojadiza', señala. Alfonso V nació en 1396 y murió en Nápoles en 1458. Tras ser hecho prisionero en 1435 por los genoveses, en la batalla de Ponza, cuando intentaba recuperar Nápoles, el rey aragonés logró su objetivo.

Nápoles volvió a sus manos definitivamente en 1443. El monarca se estableció en la ciudad italiana y en su corte reunió a los artistas más representativos del Renacimiento. 'El rey Alfonso V el Magnánimo fue un personaje fantástico lleno de egoísmo político', relata. El escritor resalta que el Papa Luna es 'una de las figuras más relevantes de la historia española'. 'Era un hombre exageradamente virtuoso', concluye Maeso de la Torre.

domingo, 23 de mayo de 2010

Castillo de Illueca

Castillo de Peñiscola

Situación
El Castillo de Peñíscola ocupa la zona más elevada del peñón sobre el que se sustenta la antigua ciudad de Peñíscola, provincia de Castellón, una pequeña península que penetra en el mar, elevandose por encima de la localidad.

Historia
El Castillo de Peñíscola comparte con el Vaticano y el palacio de los papas de Aviñón el privilegio de haber sido Sede Pontificia, una de las tres que ha habido a lo largo de la historia.

La estructura principal del castillo y la ciudad proceden de tiempos de la dominación musulmana. En 1225, y con sólo dieciséis años, Jaime I intentó, sin éxito, conquistar el castillo de Peñíscola. 8 años más tarde, en 1233, pudo conseguir que la fortaleza pasase a la Corona cristiana, a cuyo patrimonio estuvo ligada hasta la cesión a la Orden del Temple en 1294, quien acometería en el castillo obras de restauración y refortificación muy importantes, hasta darle la imagen básica que hoy presenta, a imagen y semejanza de los castillos de Tierra Santa.

En 1307, y tras la caida de la Orden, Jaime II se apoderó de la fortaleza, devolviendola a la Corona, siendo nuevamente cedida en 1319, esta vez a la Orden de Montesa. También esta orden efectuó numerosas modificaciones, hoy perdidas.

En 1411 la Orden de Montesa cedió la fortaleza a Benedicto XIII, el Papa Luna, quien residió en ella desde 1415 hasta 1423, época en la que Peñíscola fue sede pontificia, y su castillo acondicionado para tal función. Con el fallecimiento del Papa Luna se cerró uno de los capítulos de mayor esplendor del castillo. En 1441 volvió a manos de la orden de Montesa y de nuevo a la corona.

Durante la guerra de las Germanías sirvió de fortaleza a las tropas reales, refugiando al virrey de Valencia y otros nobles.

Felipe II adaptó la fortaleza a las nuevas armas de artillería para frenar los ataques de los piratas berberíscos que asolaban las costas valencianas.

Durante la guerra de Sucesión las tropas leales al rey resistieron el ataque de las tropas inglesas del Archiduque Carlos.

En el año 1812, durante la Guerra de la Independencia, las tropas francesas lo conquistaron, perdiéndolo dos años más tarde. A partir de esta época, y especialmente tras las guerras Carlistas, su papel militar fue decreciendo rápidamente.

Descripción
El castillo se situa en lo alto de la ciudad. Su planta es más o menos cuadrada con cinco torres de forma cuadrangular. Sus muros son gruesos y altos. La puerta esta enmarcada por dos torres. Dispone de una muralla abaluartada, en la cual destaca un garitón con el escudo de la etapa de Felipe II. Una característica de este castillo es que se utiliza la terraza de las torres como elemento defensivo.

Uno de los aspectos que más destacan de esta fortaleza es su garitón defensivo. Situado en las murallas de la ciudad presenta el escudo del rey Felipe II, apareciendo el basón de Portugal. También destaca su torre del homenaje por la decoración del blasón pontificio, la tiara y la luna, distintivos del papa de Aragón.

Por la puerta accedemos a un patio de armas con un atrio. En el patio de armas se abría una galería, hoy inexistente, de la que quedan los soportes de las vigas. En la parte derecha se encuentra las estancias de Papa Luna y a la izquierda la iglesia de los templarios. Destaca también una escalera esculpida en la propia roca. El castillo posee una multitud de salones, como el salón del comendador o el salón cónclave, pasadizos, adarves.

Materiales
El material que se utiliza en esta impresionante construcción defensiva, es la piedra. La técnica que se utiliza es la sillería que consiste en labrar la piedra en bloques de forma cuadrangular y colocarlos perfectamente alineados los unos encima de los otros, tomando diferentes formas, cuadradas o circulares.

Estado de conservación
El castillo y parte de las murallas de las que estaba dotada la población se encuentran en perfecto estado de conservación. Todos los elementos del castillo, así como su imagen de conjunto, son de una calidad extraordinaria, habiéndose convertido, quizás, en el mejor ejemplo de conservación de la arquitectura militar de la Comunidad Valenciana.

Propiedad y uso
Pertenece al Patrimonio del Estado, y desde 1957 lo administra la Excma. Diputación de Castellón. Se destina a uso turístico, Sala de Exposiciones y actividades culturales (festivales, congresos, conferencias, etc).


Fuente y +info: http://www.castillosnet.org/programs/castillosnet.php?tip=inf&dat=castellon/CS-CAS-002

miércoles, 10 de marzo de 2010

El monasterio de Montserrat, antes dependiente de Ripoll, recibió el título de abadía el 10 de marzo de 1409 por orden del Papa Benedicto XIII,

El monasterio de Montserrat, antes dependiente de Ripoll, recibió el título de abadía el 10 de marzo de 1409 por orden del Papa Benedicto XIII, el Papa Luna.

El mismo papa, por consejo del rey Martí l'Humà, nombró primer abad del monasterio de Montserrat a Marc de Villalba durante el cisma de Occidente. Finalizado el cisma, el papa legítimo Martí V ratificó en 1418 la constitución del monasterio en abadía.

Según cuenta la leyenda, una serie de apariciones se sucedieron durante varias semanas. El obispo organizó una salida, en la que encontraron una imagen dentro de una cueva. Decidieron llevarla a Manresa, pero al sacarla al exterior la imagen se hizo tan pesada que no se pudo mover más. Allí, pues, se construyó una capilla.

Años después Fernando el Católico lo hizo depender de Valladolid, pero tras dos incendios provocados por las tropas napoleónicas (1811 y 1812) y la exlaustración que sufrió tras la desamortitzación de Mendizábal, y más incendios y saqueos, logró de nuevo la independencia. Tras una exhaustiva restauración, hoy alberga una de las mejores bibliotecas del país con casi 300.000 volúmenes, además de obras de El Greco, Picasso, Dalí e, incluso, una momia egipcia.

Alberga también la Escolanía, considerada el conservatorio infantil más antiguo de Europa, y con canal propio en YouTube.

Si vives demasiado lejos para visitar este fabuloso edificio en un entorno inmejorable, puedes realizar una visita virtual. Aunque deberías pensar lo de hacer un viajecillo.

Visto en: El Periódico

sábado, 19 de diciembre de 2009

El gran Cisma de Occidente (1378-1429).Fin de una parte al ser elegido Martin V que mando asesinar a Benedicto XIII

El gran Cisma de Occidente (1378-1429).


El Gran Cisma de Occidente (1378-1429) no fue una buena época para la Iglesia. Tampoco fue una época fácil de entender. Sin embargo, incluso con la única ayuda de la Wikipedia, podemos llegar a comprender las motivaciones y los intereses de las personas que participaron en aquellos acontecimientos.

Por poco que se sepa acerca de la historia de la Iglesia en general y del Gran Cisma de Occidente en particular es evidente que la Iglesia sigue existiendo sólo porque Dios quiere:


Bonifacio VIII (1294-1303) era un Papa inteligente, de carácter fuerte, independiente y experimentado en lides políticas de toda laya. Su muerte le permitió a Felipe IV de Francia influir en los cardenales franceses para lograr la elección de un Papa francés que se plegara más a sus intereses. El Papa elegido fue Clemente V (1305-1324).

Las presiones de Felipe IV de Francia, la inestabilidad política de Roma provocada por la pugna entre las familias Colonna y Orsini, la cercanía física y temporal del Concilio de Vienne (1311) y la relación indirecta entre Aviñón y los Estados Pontificios desde la llegada al trono de Provenza y Nápoles de Roberto I El Prudente hicieron que en 1309 el Papa Clemente V decidiera trasladar temporalmente la Sede de Pedro a Aviñón.

Aviñón era la capital del condado de Vienne, que formaba parte del reino de Provenza. Desde el reinado de Roberto de Anjou, Conde de Provenza y Rey de Nápoles, también conocido como Roberto I El Prudente (1309-1343), ambos reinos, Provenza y Nápoles, estuvieron unidos por un mismo rey. Como el Reino de Nápoles estaba sometido al vasallaje de los Estados Pontificios, Aviñón también dependía, aunque indirectamente, de ellos.

Cuando en 1442 murió René I (1435-1442), el reino de Nápoles y el ahora Condado de Provenza pasaron al Rey de Aragón, Alfonso I (1442-1458). El cambio dinástico permitió que el condado de Vienne dejara de depender del Condado de Provenza y pasara a ser un enclave de los Estados Pontificios en Francia hasta 1791, cuando se produjo la promulgación de la primera constitución francesa, todavía bajo el reinado de Luis XVI, que enajenó todas las propiedades de la Iglesia en Francia.

Lo que iba a ser un traslado temporal de la corte papal se alargó a causa de la inestabilidad endémica de la política romana, ocupando los papados de Clemente V (1305–1314), Juan XXII (1316–1334), Benedicto XII (1334–1342), Clemente VI (1342–1352), Inocencio VI (1352–1362), Urbano V (1362–1370), y Gregorio XI (1370–1378), todos ellos de origen francés.

Gregorio XI devolvió la sede papal a Roma indignado por la progresiva relajación de costumbres de la curia en Aviñón y por la excesiva influencia de Carlos V de Francia sobre ella. Sin embargo, el caos político romano le hizo cambiar de opinión amargamente. De no haber muerto antes, habría vuelto a llevar la corte papal a Aviñón, donde permanecían seis de los veintidós cardenales que formaban el Colegio Elector.

Al morir Gregorio XI en 1378, le sucedió Urbano VI tras uno de los cónclaves más cortos, tres días, y conflictivos de la historia. El cónclave se inició el 7 de abril con la ausencia de los seis cardenales de Aviñón. De los dieciséis cardenales presentes en la elección, diez eran franceses.

El pueblo romano temía, no sin razón, que la elección de un cardenal francés supusiera nuevamente el regreso de la sede papal a Aviñón, con la consiguiente pérdida de ingresos para la ciudad por la disminución del flujo de peregrinos: hasta dos millones al año.

Los tumultos callejeros pretendían acelerar la elección del nuevo Papa y evitar la llegada a tiempo al cónclave de los seis cardenales electores de Aviñón. Eran, además, un recordatorio dirigido a los diez cardenales franceses de que el pueblo romano deseaba un Papa romano o que, al menos, no fuera francés.

La multitud estaba concentrada en la Plaza de San Pedro a la entrada del edificio donde se celebraba el cónclave gritando "Romano lo volemo!" y "Al manco italiano!", al menos italiano.

Atemorizados por la multitud a las puertas, los cardenales eligieron Papa al enérgico obispo de Bari (Nápoles), Bartolomeo Prignano de Bar. Al no ser cardenal, no se encontraba en el cónclave. Y como hubo que llamarle para obtener su consentimiento, se tuvo que mantener mientras tanto su elección en secreto.

Mientras tanto, en la calle, la multitud se estaba inquietando cada vez más por la tardanza en la elección del nuevo Papa. Por eso el cardenal Orsini intentó ganar tiempo diciendo: "Andare a San Pietro!", porque allí iba a realizar su primera aparición el nuevo pontífice. Pero fue malinterpretado. La multitud creyó que había sido elegido pontífice el anciano cardenal de San Pedro, Francesco dei Tebaldeschi. La multitud tomó esta elección con murmullos de desaprovación. Se trataba de una forma de engaño. El precario estado de salud del prelado hacía previsible la próxima elección de un nuevo Papa.

Otro cardenal intentó subsanar el error gritando: "Bari, Bari!", indicando que el elegido era el arzobispo de Bari. Pero la multitud, exasperada, creyó esta vez que el elegido había sido el Cardenal francés Jean de Bar y derribó las puertas de la Sala Conciliar. Los aterrorizados cardenales, para ganar tiempo, presentaron al octogenario cardenal de San Pedro, Francesco dei Tebaldeschi, como nuevo pontífice. Al menos era romano.

Gracias a esta estratagema, los cardenales lograron abandonar la sala del cónclave. Sin embargo, al extenderse por Roma el rumor de que todo había sido un engaño, una multitud enfurecida, al grito de "Non le volemo!" y "Morte ai Cardinali!", les impidió abandonar la ciudad para obligarles a realizar un nuevo cónclave.

La situación se normalizó cuando Prignano llegó al cónclave, aceptó el cardenalato y el papado y, una vez aclarada la serie de malentendidos, fue entronizado como Urbano VI, apareciendo finalmente en la Plaza de San Pedro ante el pueblo romano que había trocado su enfado en filial devoción al nuevo Papa.

Urbano VI se tomó su trabajo en serio. Revolucionó la curia creando veinte nuevos cardenales y criticando enérgicamente al resto por el abandono de sus obligaciones pastorales. Se enfrentó a Carlos V de Francia negándose a llevar otra vez la sede pontificia a Aviñón. Se interesó por el motivo por el que el feudo pontifico de Nápoles no pagaba a la Santa Sede los tributos a los que estaba obligado.

El feudo pontificio de Nápoles empezó a intrigar en la curia contra el Papa. Muchos de los cardenales que lo habían elegido, especialmente los relacionados con Nápoles, los franceses y aquellos de vida más disoluta empezaron a tacharlo de desconfiado, altanero, colérico y caprichoso.

El 9 de agosto de 1379, doce de los dieciséis cardenales que le habían elegido -faltaban los cuatro cardenales italianos, además de los seis que todavía vivían en Aviñón- firmaron una declaración dirigida a toda la cristiandad.

En ella anulaban el cónclave, alegando la falta de libertad de los electores por miedo al pueblo romano, declaraban vacante la Sede de Pedro, y rechazaban cualquier arbitraje por medio de un concilio ecuménico, ya que éste sólo podía ser convocado por un Papa que, según ellos, aún no había sido elegido legalmente.

El 20 de septiembre de 1379, con la esperanza de que Urbano VI abdicara ante una política de hechos consumados, los diecinueve cardenales que le habían elegido -incluidos los romanos salvo el fallecido Tebaldeschi-, más los seis cardenales que aún vivían en Aviñón, todos bajo la atenta "supervisión" de Carlos V de Francia, realizaron una nuevo cónclave en Fondi (Anagni, Nápoles).

Eligieron como nuevo Papa a Clemente VII, quien llevó su corte a Aviñón no sólo porque Roma ya tuviera un Papa sino por la intensa presión ejercida por Carlos V de Francia. Se acababa de iniciar el llamado Cisma de Occidente.

La división del papado obligó a los príncipes de Europa a elegir papa según los intereses estratégicos de sus reinos. En Portugal, durante las Guerras Fernandinas (1383-1385), cada aspirante al trono luso apoyó a un papa distinto.

Clemente VII fue reconocido por Aragón, Castilla y León, Navarra, Portugal, Francia, Borgoña, Saboya, Nápoles, Escocia, Renania y Chipre, que dejaron de reconocer a Urbano VI.

Clemente VII no fue reconocido por Inglaterra, Irlanda, Dinamarca, Suecia, Noruega, Flandes, El Sacro Imperio Románico Germánico, Hungría, Polonia y los reinos del norte de Italia, Venecia y Milán, que continuaron reconociendo a Urbano VI.

Aunque ya antes había habido antipapas, éstos habían sido elegidos por facciones rivales. Sin embargo, en este caso, los mismos cardenales habían realizado una doble elección. De ahí la gravedad del nuevo cisma.

Para evitar que se volviera a producir otro cisma de este tipo, y para justificar la abdicación de Benedicto XII ante el Concilio de Constanza (véase más adelante), Pio II (1458-1464) establecería un canon por el que, una vez realizado un cónclave, sólo el Papa electo podría anularlo.

En una visita pastoral a Nápoles, Urbano VI fue apresado y encarcelado. Fue liberado tiempo después por las presiones de Inglaterra, Flandes y el Sacro Imperio Románico Germánico. A su regreso a Roma fue posiblemente envenenado. Murió el 15 de octubre de 1389.

Le sucedió Bonifacio IX quien excomulgó y fue excomulgado por Clemente VII y pidió sin ningún éxito apoyo para el emperador bizantino Manuel II Paleólogo frente al imperio otomano. Sólo la valentía y el arrojo de Manuel II lograron salvar a duras penas la situación.

Mientras tanto, el 26 de julio de 1417 Benedicto XIII sucedía a Clemente VII. Benedicto XIII acabaría siendo depuesto por el Concilio de Constanza acusado de cismático y hereje. Hereje por ser cismático, claro. Ésa fue la única fórmula legal encontrada para deponer a un Papa moral y teológicamente ortodoxo.

Benedicto XIII fundaba su legitimidad en que él era el único Papa que ya era cardenal antes del Gran Cisma de Occidente. El resto de papas, al haber sido nombrados cardenales después del Gran Cisma de Occidente, no podían reclamar plena legitimidad ya que, al no ser universalmente aceptados sus nombramientos como cardenales, sus respectivas elecciones como Papas podían resultar nulas. Benedicto XIII siempre estuvo dispuesto a abandonar el solio pontificio a condición de que también lo hiciera Urbano VI o sus sucesores Bonifacio IX y Gregorio XII.

En enero de 1394, bajo la protección de Carlos VI de Francia el Loco, los teólogos de la Universidad de Paris Enrique de Laugenstein y Conrado de Gelnheusen, seguidos por Pedro de Ailly, publicaron un informe que proponía tres vías para acabar de forma pacífica con el cisma:

* La "via cessionis" proponía la abdicación voluntaria y simultánea de los dos papas, Benedicto XIII y Bonifacio IX, seguida de un nuevo cónclave.
* La "via compromissi" proponía el estudio de los derechos de ambos Papas por una comisión arbitral que decidiera quién era el legítimo Papa.
* La “via concilii” defendía la convocatoria de un concilio ecuménico que decretara quién era el verdadero Papa.


Bonifacio IX rechazó las tres soluciones. Benedicto XIII sólo se opuso a la vía conciliar por rechazar la herejía conciliarista de que la autoridad del colegio cardenalicio puede imponerse a la autoridad del Papa.

La falta de acuerdo hizo que las potencias europeas amenazaran a los dos pontífices con retirarles sus respectivos apoyos. Sólo los monarcas que apoyaban a Benedicto XIII, con la excepción de la Corona de Aragón, cumplieron su promesa. Al no ser completo el abandono de sus apoyos, Benedicto XIII siguió sin abdicar.

Una vez muerto Bonifacio IX en 1404, los ocho cardenales romanos propusieron a Benedicto XIII no elegir por su cuenta ningún sucesor si abdicaba. Benedicto XIII les respondió que Bonifacio IX ya no era un obstáculo para acabar con el cisma y que no tenían por qué elegir un nuevo Papa porque él era el Papa legítimo. Para Benedicto XIII, abdicar dejando vacante la sede de Pedro equivalía a reconocer que él no era el Papa legítimo. También equivalía a aceptar como legítima la potestad para elegir Papa de una minoría de cardenales, todos ellos erigidos después del Gran Cisma. Las dos cosas le resultaban inaceptables.

Irritados por la negativa, los ocho cardenales romanos, no encontrando un candidato de mayor valía, eligieron a Inocencio VII como sucesor de Bonifacio IX. Inocencio VII era un ambicioso y violento aristócrata romano del partido welfo que acabó nombrando cardenal a su sobrino Ludovico de Migliorati, al que había encargado asesinar a once aristócratas romanos del partido gibelino. Inocencio VII murió probablemente envenenado el 6 de diciembre de 1406. Le sucedió Gregorio XII.

Los dieciséis cardenales del cónclave que eligieron a Gregorio XII participaron en él con la única condición de que el pontífice elegido abdicara si el papa de Aviñón también lo hacía. Benedicto XIII ya se había mostrado dispuesto a abdicar en 1394 si también lo hubiera hecho Bonifacio IX, y volvería otra vez a mostrarse dispuesto a hacerlo en 1408 si también lo hubiera hecho Gregorio XII.

Presionado por su Curia, Gregorio XII no tuvo más remedio que iniciar contactos con Benedicto XIII para preparar un encuentro en Savona en el que se discutiera la asistencia de ambos a un hipotético concilio futuro en el que, tras la abdicación de ambos por propia voluntad, con la presencia del colegio cardenalicio al completo, se procedería a la elección de un nuevo Papa.

Dicha reunión nunca se celebró por varias razones. Dos de ellas fueron la falta de disposición al diálogo y a abdicar de Gregorio XII, ambas bien conocidas tanto por Benedicto XIII como por los seguidores de los dos pontífices. Sin embargo, la razón más importante fue el temor a que el encuentro fuera aprovechado tanto por la familia de Gregorio XII y el resto de la nobleza veneciana como por el rey de Nápoles, Ladislao, para capturar a Benedicto XIII y obligarle a abdicar. Benedicto XIII pidió condiciones que garantizaran tanto su seguridad personal como la de su séquito. Gregorio XII no respondió.

Los cardenales de Gregorio XII, viendo la situación, mostraron su descontento con su postura y amenazaron con abandonarle en bloque. Gregorio XII convocó una reunión de la curia en Lucca el 4 de mayo de 1408. Allí la secuestró y ordenó a todo el colegio cardenalicio que no abandonase la ciudad bajo ningún pretexto, poniéndolo bajo vigilancia armada. Finalmente, fortaleció su posición en la curia nombrando como nuevos cardenales a personas de su confianza, entre ellas a cuatro de sus sobrinos.

Mientras tanto, los cardenales de Benedicto XIII en Avignon, viendo que si Gregorio XII no cedía Benedicto XIII tampoco pensaba ceder, aprovecharon que siete cardenales de Gregorio XII, entre ellos el futuro Juan XXIII, ya habían logrado escapar de su encierro en Lucca, para reunirse con ellos y decidir la celebración en 1409 de un nuevo concilio en Pisa para deponer a ambos pontífices y elegir uno nuevo.

El 25 de marzo de 1409 los seis cardenales de Aviñón y los diecinueve cardenales que finalmente habían podido huir de la corte papal de Gregorio XII celebraron el Concilio de Pisa. En él se decidió que la contumacia de Benedicto XIII y Gregorio XII en mantener el cisma los convertía a ambos en herejes permitiendo su deposición.

El 5 junio de 1409 se les declaró «separados de la Iglesia y excluidos de su mando» a la vez que se declaró que la «Sede de la Iglesia está vacante». Los cardenales eligieron en cónclave el 26 de junio de 1409 a Alejandro V, que murió el 3 de mayo de 1410. Le sucedería Juan XXIII, quien, por su carácter y sus torpezas, ayudó a justificar la lamentable reputación de los llamados «papas de Pisa».

Como ejemplo de hasta qué punto reinaba la confusión dentro de la propia Iglesia, se puede señalar que Rodrigo Borgia asumió el nombre de Alejandro VI (1492-1503), aceptando la existencia como Papa del antipapa de Pisa Alejandro V (1409-1410).

La elección de Alejandro V no había resuelto nada. Sin embargo había creado nuevos problemas.

Muchos obispos celosos y generosos habían acudido a Pisa, pero la convocatoria era ilegítima. Además, no se había hecho nada para solucionar la cuestión canónica acerca de si un concilio tenía derecho a deponer a un Papa.

Para empeorar la situación, el nuevo Papa, tercero simultáneamente en ejercicio, tampoco fue universalmente aceptado. Los Reyes de Aragón y Nápoles fueron especialmente contrarios a él.

En julio de 1409, como respuesta al Concilio de Pisa, Gregorio XII convocó el concilio de Friuli en el que declaró a Alejandro V y a Benedicto XIII papas cismáticos.

Entre 1410 y 1415 la Iglesia Católica tuvo tres papas que se excomulgaron mútuamente: Gregorio XII, Juan XXIII y Benedicto XIII. Tres papas, tres sedes, tres excomuniones, tres colegios cardenalicios. La opinión eclesial actual sólo considera Papa electo conforme a derecho a Urbano VI. Y, por lo por tanto, a sus sucesores Bonifacio IX, Inocencio VII y Gregorio XII. Se consideran antipapas tanto los papas elegidos a partir del cónclave de Fondi, Clemente VII, Benedicto XIII y clemente VIII, como a los elegidos a partir del Concilio de Pisa, Alejandro V, Juan XXIII, Clemente VIII, Benedicto XIV y Félix V.

El 30 de octubre de 1413, junto a sus 23 cardenales y con el apoyo del Emperador del Sacro Imperio Románico Germánico, Segismundo de Luxemburgo, Juan XXIII convocó el Concilio de Constanza para ser confirmado como el único Papa legítimo y acabar con el cisma en la Iglesia.

Sin embargo, durante la apertura del concilio, Juan XXIII se dió cuenta de que tambien él iba a ser depuesto. Para evitarlo, intentó huir de Constanza disfrazado de peregrino la noche del 20 de marzo de 1415. Una vez interceptada su huida, fue devuelto al concilio. Fue acusado de violación, sodomía, incesto y asesinato, excomulgado, obligado a abdicar el 29 de mayo de 1415 y encarcelado durante más de tres años.

El 11 de noviembre de 1417 el concilio de Constanza eligió en cónclave a Martín V. En 1419, después de prestar obediencia debida al nuevo papa, Juan XXIII fue liberado y nombrado obispo de Frascati, falleciendo ese mismo año. Está enterrado en Florencia, dentro del Baptisterio, en un monumento fúnebre obra de Donatello y de Michelozzo.

Tras el concilio de Constanza, ya sin el apoyo de Venecia, el 4 de julio de 1415 Gregorio XII abdicó mediante una bula. En ella que reconocía que su elección había sido condicionada a su disposición de abdicar si también hubiera estado dispuesto a abdicar el Papa de Aviñón, Benedicto XIII. Reconocía que él no tuvo nunca ninguna intención de abdicar. Más adelante, Pio II (1458-1464) respaldó esta acción estableciendo un canon por el cual el resultado de un cónclave sólo podía ser anulado por el Papa elegido en ése mismo cónclave. De esta forma la autoridad continuaba en manos del Papa.

A pesar de la visita al castillo de Peñíscola del Emperador del Sacro Imperio Románico Germánico, Segismundo de Luxemburgo, Benedicto XIII se negó a reconocer la autoridad del Concilio de Constanza que le había depuesto.

Benedicto XIII sabía muy bien que él no era ningún hereje. Su fidelidad doctrinal a la Revelación, la Tradición y el Magisterio Eclesial estaban fuera de toda duda. No veía por qué era él el cismático cuando, tras la muerte de Bonifacio IX, había quedado él como único pontífice. No había sido él, único cardenal creado antes del cisma por un Papa no discutido, quien había elegido simultáneamente dos Papas más. Además, él había sido el único Papa dispuesto a abdicar por el bien de la Iglesia, como efectivamente hubiera hecho en 1394 y en 1408 si Bonifacio IX y Gregorio XII hubieran estado dispuestos a hacer lo mismo.

Para Benedicto XIII el Concilio de Constanza que le había condenado por cismático y hereje, por cismático, era un concilio inaceptable. Era cesaropapista porque había sido invocado a instancias de un emperador, Segismundo de Luxemburgo. Era inválido porque había sido convocado por un antipapa, Juan XXIII. Era herético porque había depuesto a Juan XXIII, el mismo antipapa que lo había convocado, en virtud de la herejía conciliarista, tal y como precisamente iba a condenar el nuevo Papa elegido por el propio concilio, Martín V (1417-1431). Esta decisión iba a ser posteriormente ratificada de forma explícita por sus sucesores Eugenio IV (1431-1447), Nicolás V (1447–1455), Calixto III (1455-1458), y Pio II (1458-1464). Era falsario porque después de obligar a abdicar y condenar a prisión al antipapa Juan XXIII por violación, sodomía, incesto y asesinato, el mismo Papa elegido por el concilio, Martín V, lo liberó, nombró obispo y, tras su muerte, le construyó un mausoleo contratando a Donatello y Michelozzo.

Siendo él el único cardenal erigido antes del Gran Cisma que luego había sido elegido Papa, acatar la decisión de abdicar basada en acusaciones falsas procedentes de un concilio con sabor a herejía no era una decisión evidente. Así que no la tomó.

Benedicto XIII ordenó cuatro cardenales, tres de los cuales eligieron en 1424 a Clemente VIII. Cuando las circunstancias políticas así lo indicaron, el rey de Aragón Alfonso V, inmerso en la conquista del reino de Nápoles, envió a Alfonso de Borgia, futuro Calixto III (1455-1458), para obtener la abdicación de Clemente VIII en favor de Martín V. La abdicación se produjo el 26 de julio de 1429. Clemente VIII recibió un obispado que detentó hasta su muerte en diciembre de 1446.

Sin embargo, el cuarto obispo nombrado por Benedicto XIII, Jean Carrier, no estuvo de acuerdo con la elección de Clemente VIII realizada por los otros tres cardenales. En 1424 eligió él sólo un nuevo Papa, Bernard Gardnier, como Benedicto XIV. Tras la Muerte de Benedicto XIV en 1429 los mismos tres cardenales que habían elegido a Clemente VIII, que había abdicado en Martín V, eligieron como nuevo Papa al propio Jean Carrier. Carrier, reconociendo la invalidez de su propia elección anterior, retomó el nombre de Benedicto XIV.

Después de la muerte en 1437 de Jean Carrier, estos mismos tres cardenales eligieron en noviembre de 1439 al duque de Saboya, Amadeo VIII el Pacífico, como Félix V (1439-1449). Habían elegido como Papa a un potentado que pudiera costearse su propia corte. Félix V sólo tuvo seguidores en las tierras bajo su dominio. En 1449, dos años antes de morir, abdicó en Nicolás V (1447–1455). Así terminaron los más de setenta años de Gran Cisma de Occidente.

Aunque la Iglesia consideró el Concilio de Constanza como válido a causa de la bula de abdicación de Gregorio XII y del canon de autoridad papal de Pio II que justificaba la abdicación de Gregorio XII, no se definió hasta Gregorio XVI (1831-1846) quién de los dos, Gregorio XII, o Juan XXIII, había sido el verdadero pontífice.

La negativa de Benedicto XIII a acatar las resoluciones del Concilio de Constanza, punto de inicio de la reorganización eclesial que acabaría con el cisma, hicieron que ya desde muy pronto se le descartara como verdadero Papa. Aunque los papas de Aviñón fueron rechazados por la Santa Sede tan pronto como dejaron de recibir apoyos reales, no pasó lo mismo con los papas de Pisa.

Así, aunque hubo un Clemente VII (1526-1534) y un Benedicto XIII (1724-1730) que volvieron a tomar los nombres de los Papas de Aviñón, Rodrigo Borgia prefirió asumir el nombre de Alejandro VI (1492-1503), aceptando la existencia como Papa del antipapa de Pisa Alejandro V (1409-1410). Aún es más, todavía en tiempos de San Pío X (1903-1914) el Anuario Pontificio incluía a los papas de Pisa entre los papas de la Iglesia. Todavía el sucesor de Pio XII (1939-1958) se sintió obligado a dejar el tema zanjado de una vez por todas asumiendo el nombre de Juan XXIII (1958-1963), el último antipapa de Pisa.

Juan XXIII convocó el Concilio Vaticano II como el primero y hasta ahora único concilio pastoral, no dogmático. Sin embargo, el Concilio Vaticano II no ha sido ni el primero ni el único concilio que ha puesto, según algunas interpretaciones, la autoridad del colegio cardenalicio por encima de la del Papa. Primero fue el Concilio de Constanza que, sin embargo, fue un concilio dogmático.

¿Fue el Concilio de Constanza un verdadero concilio y, por tanto, infalible y de obediencia obligatoria? Ésta es la pregunta que, casi seis siglos después, todavía susurra el viento por las esquinas, las escaleras y los aleros de la reconstruida Casa-Castillo de la familia de los Luna en Illueca, Zaragoza.


Para la redacción de este texto he consultado cuarenta entradas de la Wikipedia los días 22-24 de noviembre de 2007. He usado muchas más entradas. Unas pertenecían a la Wikipedia y otras no. El número de cardenales electores no me parece fiable en ningún caso.

lunes, 26 de octubre de 2009

Una nueva entidad promoverá la investigación sobre el Papa Luna

Una nueva entidad promoverá la investigación sobre el Papa Luna

Se ha marcado el objetivo de presentarla oficialmente en el próximo mes de mayo. Se quiere unificar todo el conocimiento sobre Benedicto XIII y su vinculación con la ciudad, así como ensalzar su figura.

Bartomeu Roig - 23-10-09

La entidad se presentó en el centro social.

Manel Doménech, párroco de Peñíscola

Juan Bautista Simó, cronista oficial

Andrés Martínez, alcalde de la ciudad

La ciudad de Peñíscola contará con una entidad, que con el nombre de Amigos del Papa Luna, quiere promover la investigación y ensalzar la figura de Benedicto XIII. Ayer se hizo la presentación del proyecto, que cuenta con el apoyo de la parroquia, el consistorio, y el cronista oficial de la ciudad, Juan Bautista Simó. El párroco de la ciudad, Manel Doménech, mencionó la necesidad de dar a conocer esta figura histórica, en una entidad de carácter cultural que promueva actividades, como un congreso o la creación de un museo.

El cronista oficial de Peñíscola, Juan Bautista Simó, explicaba que a pesar de la presencia constante del Papa Luna en diferentes ámbitos de la ciudad, todavía quedan muchas cosas por descubrir de su figura. Una investigación que daría pasos importantes con la creación de la entidad.

El alcalde de Peñíscola, Andrés Martínez, comentó por su parte que el nuevo centro sociocultural contará con un espacio dedicado especialmente a la documentación y los libros que se han creado sobre la figura de Benedicto XIII.

Tras la presentación de ayer, se trabaja en la idea de constituir la entidad -ya sea bajo la fórmula de asociación o fundación- y que ésta se presente de forma oficial y solemne el próximo 23 de mayo, cuando se cumple el aniversario de la muerte de Pedro de Luna.

martes, 29 de septiembre de 2009

Benedicto XIII, Papa de Aviñón Ángel David Martín Rubio. 11 de agosto

Benedicto XIII, Papa de Aviñón

Ángel David Martín Rubio. 11 de agosto

I: El papado en Aviñón


A principios del siglo XIV la Iglesia había alcanzado éxito en tres procesos de importancia decisiva:

-El dogma estaba definido, ordenado y explicado, absorbiendo la herencia del pensamiento greco-latino y poniendo a la filosofía al servicio de una teología que buscaba hacerse comprensible a la razón.

-Se había extendido prácticamente a todas partes la liturgia romana, atrayendo al pueblo fiel hacia hábitos religiosos que componían una norma de vida.

-Se estaba alcanzando una estructura de tipo monárquico a la vez universal y espiritual.

La gran obra de los Papas establecidos en Aviñón será continuar trabajando en el mismo sentido pero esta gran unidad (que preludia lo que iba a ocurrir en torno a Trento) contempló en el siglo XIV numerosos signos de contradicción que cuajaron después, a causa del Cisma de Occidente, en una división profunda de posturas. La Iglesia despertaba corrientes de oposición entre las monarquías, los filósofos del inmanentismo y la vía moderna del nominalismo, los exaltados espirituales y reformadores enemigos de la jerarquía, y ciertos sectores del humanismo naciente que aspiraban a un mayor secularismo.

El sucesor de Bonifacio VIII, Clemente V (1305-1314) nunca llegó a ir a Roma y en 1309 traslada la corte papal a Aviñón (Provenza) que era un señorío de la Casa de Anjou, vasalla de la Santa Sede por el reino de Nápoles. Es posible que su estancia allí fuese planeada en principio como un breve paréntesis, pero la rápida desintegración de los Estados Pontificios y la anarquía que se apoderó de Roma, hicieron imposible el retorno. Su sucesor, Juan XXII (1316-1334) había sido hasta entonces obispo de Aviñón y fijó su residencia en el propio palacio episcopal que fue ampliado para poder establecer en él los cada vez más complicados servicios de la Curia. Aquí vivieron también sus sucesores: Nicolás V (1328-1333), Benedicto XII (1334-1342), Clemente VI (1342-1352), Inocencio VI y Urbano V (1362-1370) quien, apoyado por el emperador Carlos IV hizo un viaje a Roma, pero a instancias de los cardenales, en su mayoría franceses, regresó a Aviñón. Por último, Gregorio XI (1370-1378) animado en su decisión por Santa Catalina de Siena, volvió a Roma donde falleció antes de poder adaptar el gobierno pontificio a la vida de la ciudad.

El período de Aviñón ha sido definido como la “Segunda Cautividad de Babilonia” pero no parece legítimo dejarse llevar por valoraciones peyorativas. El Pontífice no estaba prisionero y ni siquiera en territorio propiamente francés pues muy pronto fue propiedad del papa; la ciudad tuvo un ambiente intelectual muy elevado y desde ella, los papas pudieron prestar más atención al gobierno de la Iglesia que lo habían hecho hasta entonces, absorbidos por la política temporal italiana. Los pontífices que se suceden en Aviñón no son figuras brillantes sino honestos trabajadores, de buenas costumbres y que supieron imprimir al gobierno una eficacia y continuidad muy notables. La organización de los principales dicasterios de la Curia (oficios, tribunales, etc.) indispensables para la efectiva gestión de un gobierno centralizado, fue llevada hasta su última perfección en el período aviñonés. Pero también, la prolongada ausencia de Roma y los desórdenes ocurridos en Italia producían una indudable pérdida de prestigio del Pontificado, surgían doctrinas y se adoptaban actitudes que eran el reflejo de un nuevo espíritu que se abría camino en la Iglesia y la Cristiandad y que combatía la autoridad doctrinal del Pontificado.

Todo esto lleva al historiador al convencimiento de que no puede considerar el Cisma como una especie de accidente fortuito, provocado por el mal entendimiento entre un Papa y sus cardenales, sino como la condensación de males de fondo que agitaban a la Iglesia.
II. La doble elección y el Cisma de occidente

El Cisma se produjo a raíz de la elección como sucesor de Gregorio XI de Urbano VI (1378-1389), primer italiano tras siete papas franceses. Su destemplanza y autoritarismo no favoreció el entendimiento con la mayoría francesa del Sacro Colegio; cuando se produjo el enfrentamiento, los cardenales que constituían esa mayoría abandonaron Roma y, amparándose en que aquella elección habría tenido lugar bajo presiones, llevaron a cabo una nueva elección en la persona de un francés, Clemente VII (1378-1394), quien establecía su sede en Aviñón, un lugar prestigiosa por la presencia allí de los pontífices durante años. Cada uno de ellos tenía sus puntos de vista justificativos, sus partidarios, sus razones y sus intereses y, durante décadas, la cristiandad occidental quedará dividida por el cisma en dos obediencias: Roma y Aviñón. Francia, España, Chipre, Escocia y Nápoles, se adhirieron a Clemente VII y el resto de los países a Urbano VI. Cada uno de los cuales tendría su respectiva sucesión. Entre los cardenales que prestaron obediencia al Papa de Aviñón se encontraba el aragonés Pedro Martínez de Luna (1328-1423), elegido, a su vez como Papa a la muerte de Clemente VII (1394).

«Durante el tiempo que Pedro Martínez de Luna rigió (primero como legado en España y Francia, y después como Papa) la Iglesia, hizo una gran cantidad de cosas que han permanecido y que forman uno de los elementos esenciales de la modernidad», ha señalado el historiador Luis Suárez Fernández. Quienes obedecieron a Clemente VII y después a Benedicto XIII (los Papas de Aviñón) fueron los países que después van a ser católicos, mientras que los que están a favor de Urbano VI (el Papa romano) son Inglaterra y Alemania, que después serán protestantes. Benedicto XIII, doctrinalmente, defendió lo que hoy sigue siendo la doctrina de la Iglesia porque sostenía frente a los nominalistas y conciliaristas, que la Iglesia no puede estar sometida al arbitrio de los poderes políticos.

Por otra parte, Benedicto XIII murió convencido de la legitimidad de su causa. De ahí la expresión castellana: “mantenerse en sus treces”. Es cierto que no era esta la primera ocasión en que aparecía un antipapa pero otras veces la Iglesia universal no había tenido serias dudas acerca de quién fuera el Papa legitimo, aun cuando, por diversas razones, alguna facción eclesiástica o el emperador hubieran reconocido un seudopontífice. Ahora la situación era distinta pues la legitimidad de uno u otro Papa dependía de la validez o invalidez, tan difíciles de comprobar, de la discutida elección de Urbano VI.

No faltaron sin duda influencias de signo terreno pero la realidad es que la Cristiandad se encontró frente al hecho de la simultánea existencia de dos papas, cada uno de los cuales pretendía ser el legítimo vicario de Cristo. Y no sólo los príncipes y las naciones se dividieron entre las varias obediencias por motivaciones de orden temporal y político sino que esta incertidumbre alcanzó también a muchos espíritus profundamente religiosos, que obraban con indudable rectitud y movidos por un sincero afán de fidelidad a la Iglesia. El simple dato de que santos como Catalina de Siena y Vicente Ferrer militasen en contrapuestas obediencias es un indicio de hasta qué punto el Cisma había sembrado la confusión en las conciencias de los fieles. Para Eubel, autor de la famosísima Hierarchia catholica y uno de los mejores historiadores de la Iglesia, es un error considerar a Clemente VII y Benedicto XIII como Antipapas; el Cisma creó tal género de división que ambas obediencias aparecieron equiparadas.

El final del Cisma y la reunión de la Cristiandad bajo un solo pastor fue durante todo este tiempo una aspiración en la mente de muchos pero la división se prolongaba y las nuevas elecciones papales celebradas en Roma y Aviñón parecían augurar un mantenimiento indefinido de la escisión. No dieron fruto las incontables soluciones propuestas para poner término a la disputa, pues las dos partes se mostraban irreductibles y en la práctica rehusaban cualquier efectivo acercamiento que preparase de algún modo la solución. Poco a poco, a medida que pasaban los años, se abrió camino la idea de que solamente un Concilio sería capaz de terminar con el Cisma. Es lo que ocurriría, de una manera muy compleja, en Constanza.
III: La Vía Conciliar

Para dar una solución al cisma, un grupo de cardenales de las dos curias pontificias se reunieron en el concilio de Pisa que decidió deponer a Gregorio XII y Benedicto XIII y nombrar en su lugar a otro papa, Alejandro V (1409-1410). La negativa de los anteriores a abandonar su cargo complicó aún más la situación pues la cristiandad se vio repartida ahora en tres obediencias: Roma, Aviñón y Pisa. El sucesor de Alejandro, Juan XXIII (1410-1415) fue expulsado de Roma por Ladislao de Nápoles y buscó la protección del emperador germánico Segismundo (1410-1437), quien, a cambio, le forzó a preparar un nuevo Concilio. En diciembre-1413 se promulgaba la bula de convocación del Concilio Ecuménico de Constanza y fue inaugurado oficialmente por el Papa de Pisa, Juan XXIII, que esperaba ver confirmada su legitimidad y que todos le reconocieran como único Pontífice (1-noviembre-1414).

El sistema de voto empleado en el Concilio de Constanza habría de tener una gran repercusión en la marcha futura de la asamblea. Frente a la norma tradicional del voto individual de los miembros con pleno derecho, prevaleció el criterio del voto por naciones exigido por la mayoría de las representaciones no italianas. Cada una de las naciones habría de deliberar por separado y acordar así el sentido de su voto único. Era un sistema nuevo en la historia conciliar pero que guarda similitud con en el empleado en otras asambleas contemporáneas donde era frecuente la división por brazos o estamentos.

Juan XXIII vio desvanecerse sus esperanzas de un rápido reconocimiento y huyó a los dominios de su partidario el duque Federico de Austria. Numerosos cardenales y prelados marcharon a reunirse con él y el concilio pareció entrar en una vía muerta que se resolvió por la actividad incansable del emperador Segismundo y por la postura de un grupo de cardenales y teólogos que dieron un paso trascendental al adoptar una doctrina eclesiológica fundada en los presupuestos de las teorías conciliaristas. Al declarar el Concilio su suprema autoridad sobre la Iglesia, incluso sobre el Papa, procedió a exigir la dimisión de los tres existentes.

Tras diversas vicisitudes, Juan XXIII fue depuesto y el anciano pontífice romano Gregorio XII llevó a cabo dos actos de gran trascendencia:

-Promulgó la bula de convocación del Concilio de Constanza, con lo cual quedaba éste legítimamente constituido

-Abdicó por su espontánea voluntad (1415) y fue nombrado obispo de Ponto hasta su muerte (1417).

Quedaba la resistencia del aragonés Benedicto XIII, persuadido de su legitimidad hasta el punto que, aislado y abandonado por todos, condenado y depuesto en 1417, se refugió en Peñíscola, donde moriría sin reconocer al papa que el cónclave había elegido en Constanza (1423). El nuevo Pontífice, un cardenal romano de la familia Colonna, gobernaría con el nombre de Martín V (1417-1431).

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Hoy os mostramos la historia de Benedicto XIII, El Papa Luna.

Los Misterios del Papa Luna

Un personaje excepcional, un gran sabio, el líder espiritual de los cristianos. Rodeado de libros, pasó los últimos años de su vida encerrado en su propio castillo. Fue tachado de hereje, de perturbador del bien, de hechicero y de haber realizado pactos con el diablo.

Hoy os mostramos la historia de Benedicto XIII, El Papa Luna.

En el año 1378 fue nombrado Papa Urbano VI, quién decidió realizar ciertos cambios en el orden de la iglesia, cosa que no gustó a varios de sus cardenales los cuales le ordenaron que abdicara. Éste se negó pero aún así nombraron como nuevo papa a Clemente VII.

En este momento la iglesia quedó dividida en dos, media Europa seguía las órdenes de Urbano VI y la otra mitad a Clemente VII. Este último trasladó su sede papal desde Italia a Aviñón (Francia).

Tras la muerte de Clemente VII se nombra como papa a Benedicto XIII, El Papa Luna, nacido en Illueca, Zaragoza.

El Papa Luna, trasladó su sede papal primeramente a Barcelona, y para finalizar la trasladó nuevamente hasta la población valenciana de Peñíscola en la provincia de Castellón.

En este nuevo emplazamiento de la sede papal (recordemos que actualmente está en El Vaticano) el pontífice decidió instalarse en un castillo templario, el último que el temple construyó en España.

Este castillo, posee un embrujo, una energía que nos invade al acceder a él. Posiblemente sea porque fue construido encima de una serie de pasadizos creados de forma natural que conectan directamente con el mar, transmitiendo su sonido, su brisa y su aroma al interior del castillo.

Uno de estos pasadizos conduce a las mazmorras, incluso hay uno que conecta directamente el mar con el centro de la ciudad.

El castillo, construido sobre la misma roca del acantilado, posee unas escaleras ocultas que servirían de escapatoria al pontífice en caso de peligro.

Benedicto XIII fué un Papa activo, en la gran biblioteca de su castillo, no tenía únicamente libros de religión, sino que también los tenía de ciencias, de astronomía, filosofía, alquimia, matemáticas lo que le dotó de grandes conocimientos sobre la vida y el universo.

Cuándo alguien discutía con Benedicto XIII, sus amplios conocimientos le servían para acallar la opinión de los demás y mantenerse firme en sus convicciones, de ahí surgió la famosa expresión "Siguió en sus trece", por el papa Benedicto XIII.

Pero no todo fue alegría en la vida del pontífice, pronto sus rivales comenzaron a sentir envidia y la iglesia quiso eliminarlo para así poder centralizar de nuevo sus poderes en Italia.

Hereje y Antipapa

Le acusaron de tener como aliado al mismísimo diablo, de haber firmado un pacto con satanás para poder adquirir así su sabiduría y se le calificó oficialmente por la iglesia como hereje y antipapa.

Don Pedro Martínez de Luna, terminó sus días en el castillo de Peñíscola. Tras su muerte en 1423, se nombraría como papa a Clemente VIII, último pontífice de la sede de Aviñón.

Leyendas y profecías:

Se dice que cuándo se abrió su tumba para trasladar sus restos mortales desde Peñíscola a Illueca, su pueblo natál, el pueblo entero de Peñíscola quedó invadido por un intenso olor a rosas. Por desgracia sus restos mortales fueron arrojados posteriormente a un río, debido al saqueo llevado a cabo por sus detractores.

Según una profecía de San Vicente Ferrer, algún día los niños jugarían con la calavera del Papa Luna, como si fuera una pelota. El año 2000, se descubrió en el patio de un colegio de Saviñán (Aragón), que los niños estaban jugando a fútbol con algo semejante a una calavera humana. Efectivamente, tras la datación por carbono 14 realizada en Estados Unidos se ha establecido que seguramente, ésta sea la verdadera calavera del Papa Luna.

Publicado por Planeta Graffiti en 23:28

domingo, 9 de agosto de 2009

La Tisana del Papa Luna

La Tisana del Papa Luna

Sorbos auténticos de historia y bienestar, en una infusión autóctona de Peñíscola.

La Tisana del Papa Luna
La pequeña localidad se distingue por la receta del Medioevo.

Notas Relacionadas

domingo, 09 de agosto de 2009

Así como multitudes de turistas llegan a estos terruños movidos por las ganas de probar los vinos mendocinos e inmiscuirse en su historia, su modo de producción, sus leyendas y maneras de maridarlos, también rumbean a otras direcciones en búsqueda de otras cosas.

Hilados de pueblos ancestrales, platería y piezas de cristal, artesanía o simplemente embutidos, son algunos de los productos que se asocian con destinos turísticos y que funcionan como verdaderos hacedores de imagen de las ciudades o países que los producen.

Pues en esa órbita gira el artículo que hoy se presenta y versa sobre una infusión histórica y curativa que convoca a los viajeros a llegar a Peñíscola un municipio de la Comunidad Valenciana ubicado en la costa norte de la provincia de Castellón. El quid de la cuestión, una tisana que solía tomar un papa hace unas seis centurias.

Así es la historia

La Tisana del Papa Luna es una receta farmacéutica del Medioevo recuperada de la antigua cultura mediterránea. La fórmula magistral original corresponde a un preparado de hierbas medicinales que popularizó el Papa Benedicto XIII (conocido como Papa Luna ya que su nombre era Pedro de Luna) desde su sede pontificia de Peñíscola, entre 1411 y 1423.

El brebaje fue considerado por la farmacopea valenciana como un remedio tradicional, y seguro, por lo que fue prescrito durante tres siglos para aliviar males intestinales, dolores de cabeza, estrés y dolencias de riñón.

Los elementos que componen el tecito se agregan en proporción centesimal y son semillas de coriandro, de anís, de hinojo, de alcaravea y de comino, raíces de regaliz y de díctamo y canela. Todos los componentes se consiguen sin dificultad en el parque natural de la Serra d'Irta de Peñíscola.

Muchos años después de sus primeras aplicaciones, el historiador Juan Bautista Simó Castillo, recuperó la fórmula de la tisana tras realizar una difícil labor. Para ello le fue preciso contar con la colaboración de especialistas en matemáticas medievales, latín popular del siglo XV y científico y botánica. El resultado final: se logró descifrar los ingredientes en su exacta medida para obtener el preparado de hierbas medicinales que había quedado en el olvido.

El Patronato de Turismo de Peñíscola ha trabajado intensamente desde los comienzos de la
investigación ya que la recuperación de este producto de consumo autóctono enriquece el patrimonio local.

¿Quién fue Benedicto XIII?

Benedicto XIII (1342 - 1423) fue una figura española que cobró reconocimiento internacional.

Cuentan los libros de historia que el ilustre aragonés Pedro de Luna se refugió en la fortaleza templaria de Peñíscola cuando fue destituido como pontífice por no aceptar la corrupción del clero. Así, Benedicto XIII convirtió el castillo que tenía en esa ciudad en palacio y biblioteca. Fue allí donde escribió el Libro de las consolaciones de la vida humana, considerado como uno de los más antiguos ensayos filosóficos-religiosos de la lengua hispana.

En este contexto, el papa fue envenenado con arsénico no obstante se repuso de este trance gracias a las bondades de la tisana especialmente ideada para mejorarlo. No hay suficientes datos para establecer si el brebaje fue indicado por su médico Jerónimo de Santa Fe, o si fue él mismo quien por su conocimiento en medicina solicitó al prestigioso gremio de boticarios valencianos que realizaran la fórmula magistral.

En busca del tecito

Son dos los sitios en Peñíscola donde se puede conseguir la tisana en distintas presentaciones que incluyen información explicativa de la historia y de la composición de la infusión papal.

La Casa del Papa Luna es una tienda especializada en productos de alimentación típicos de Peñíscola y de la zona, que dispone de la infusión en trozos y envasada en bolsas de cien gramos. Básicamente se trata de una botica dedicada a la venta de especialidades típicas y artesanas de la comarca del Maestrat y de vinos y licores de elaboración propia.

El otro sitio tradicional en el que se vende la infusión es en la distribuidora de café e infusiones Cafés B+O. Allí además se puede conocer el Club de Tostadores Artesanos de Café Gourmet en el que se ofrecen 12 orígenes diferentes de café gourmet y 6 Blends de diferentes tipos de café, 3 de ellos arábicos 100%

domingo, 21 de junio de 2009

Ya estamos en peñiscola La ciudad del papa del mar Benedicto XIII






BENEDICTO XIII, un papa Illuecano y aragonés

Se llamó Pedro Martínez de Luna. Papa o antipapa de Aviñón, llamado Papa Luna. Hijo de Juan Martínez de Luna y de María Pérez de Gotor, señores de Luna, Mediana, Illueca y Gotor. Nació en Illueca, Zaragoza, el año 1328; y murió en Peñíscola, Castellón, el 23-V-1423. Doctor en Derecho Canónico por la Universidad de Montpellier (Francia), donde ocupó la cátedra de Decretales

Apoyó a Enrique de Trastámara tras la derrota que sufrió en Nájera (La Rioja, 1367) ante su hermano, Pedro I de Castilla. Presentado por Pedro IV el Ceremonioso de Aragón, el papa Gregorio XI le designó cardenal (diácono de Santa María in Cosmedin, 20-XII-1375), y pasó a residir en Aviñón (Francia), donde se encontraba instalada la Curia pontificia. Al año siguiente acompañó al papa en su traslado a Roma, donde se le encomendó la revisión de las revelaciones de Santa Brígida. La muerte de Gregorio XI (III-1378) tuvo lugar en un momento de graves tensiones entre la población romana, motivadas por el descontento que suponía el establecimiento de la Santa Sede fuera de Roma y el hecho de que los últimos papas habían sido franceses. La crisis estalló durante la celebración del cónclave que debía elegir un nuevo papa: en las calles de la ciudad tuvieron lugar actos violentos propiciados por grupos de romanos que exigían un papa italiano. La mayoría de los cardenales se refugió en el castillo de Sant Angelo procediéndose a la elección de Urbano VI, de origen italiano, quien poco después fue rechazado por algunos de los miembros del cónclave, que ponían en duda la validez de la elección porque había estado condicionada por las presiones y la violencia de los habitantes de la ciudad. Pedro de Luna, tras el estudio de las cláusulas de Derecho Canónico concernientes a la sucesión papal, se sumó a los cardenales opuestos al nuevo papa. Pocos meses después de la elección Urbano VI fue abandonado por los cardenales, quienes invalidaron su nominación y, reunidos en Fondi (Italia), nombraron papa a Clemente VII, lo que originó el Cisma de Occidente

El papa Clemente se instaló en Aviñón y envió como legado a Pedro de Luna, llamado el Cardenal de Aragón, a solicitar el reconocimiento de los monarcas de los reinos ibéricos, para lo que le invistió de plenos poderes sobre la jurisdicción de las jerarquías de su Iglesia

El apoyo de Francia al papa aviñonés y la actividad desplegada a su favor por el Cardenal de Aragón inclinó a Juan I de Castilla, neutral en un principio, Contó con la ayuda de fray Vicente Ferrer, quien difundió el clementismo en sus predicaciones y escribió un tratado en su apoyo: De moderna ecclesiae scismate, dedicado a Pedro de Luna, con quien mantuvo amistad. Durante su estancia en Castilla el legado pontificio intervino en las negociaciones previas al matrimonio de Juan I con la hija del rey de Portugal y fundó la facultad de Teología en la Universidad de Salamanca Al recibir la noticia de la muerte del papa (16-1X-1394) regresó a Aviñón. Reunido el cónclave para elegir un sucesor, sus miembros se comprometieron a trabajar por la unidad de la Iglesia en el caso de que saliesen elegidos, acatando para ello las decisiones del colegio cardenalicio. El 28 de septiembre se procedió a la votación, en la que veinte de los veintiún votos señalaron a Pedro de Luna como nuevo pontífice, quien con el nombre de Benedicto XIII fue coronado el 11 de octubre después de ser ordenado sacerdote. Los reinos de Aragón, Castilla y Navarra celebraron su elevación a la dignidad papal y en Francia se afianzó la creencia de que con su nombramiento se pondría fin a la división de la Iglesia por su demostrada voluntad conciliadora

En 1415 se trasladó a Peñíscola, único sitio donde podía establecer su Sede tras la retirada del apoyo y del reconocimiento de su legitimidad por parte de todos los reinos cristianos, aunque muchos sectores de la Iglesia en la Península Ibérica seguían prestándole obediencia, El concilio de Constanza le depuso (26-VI-1417) bajo la declaración de perjuro y cismático, procediendo al nombramiento de Martín V como único papa.

La sentencia de Constanza le fue comunicada por Alfonso V el Magnánimo, acompañada de una nueva solicitud de renuncia. Benedicto se mantuvo firme en la defensa de su legitimidad incluso tras la entrevista con los juristas y obispos enviados (1418) por el rey de Aragón en apoyo de su petición y fue abandonado por la mayoría de los miembros de la Curia y de los cardenales que todavía le habían permanecido fieles. Martín V envió un legado a la Corona de Aragón para tomar juramento de fidelidad a su persona de todos los prelados del reino, donde seguían existiendo sectores que apoyaban al entonces recluido en Peñíscola. Las posteriores solicitudes de abdicación que le fueron enviadas por las monarquías peninsulares, algunas de las cuales incluían ofertas de elevadas rentas y heredades, recibieron una respuesta negativa. Un intento de envenenamiento del que se conoció la identidad del responsable, el legado pontificio de Martín V, resultó fallido. Un año antes de su muerte proveyó a su Sede de cuatro nuevos cardenales para asegurarse la continuidad de su pontificado; posteriormente elegirían como sucesor a Clemente VIII, quien renunció en 1429. Benedicto XIII recibió sepultura en Peñíscola. Ocho años después de su muerte Rodrigo de Luna ordenó el traslado de su cuerpo al castillo de Illueca. Su tumba fue profanada durante la Guerra de la Independencia (1808-1814) y de su cadáver momificado sólo se rescató el cráneo, que se conserva en Saviñán (Zaragoza).



Placa puesta por la Universidad de Zaragoza en 1923 IV centenario de su muerte La leyenda de la misma dice asi:

Una lápida en el Salón Gótico, del castillo puesta en por la Universidad de Zaragoza, dice lo siguiente sobre Benedicto XIII: " Aragón os pide que roguéis a Dios por Benedicto P.P. XIII, Pedro de Luna El Gran aragonés de vida limpia, austera, generosa, sacrificada por una idea del deber. El juicio final descubrirá misterios de la historia... en él nos salve Jesucristo y santa Maria su madre " 4º centenario de su muerte Mayo 1923 Universidad de Zaragoza

Hoy nos vamos a pasar el dia a Peñiscola,la ciudad del papa del mar



Peñíscola Ciudad del papa del Mar

Situada al norte de la provincia de Castellón, en la comarca del bajo Maestrazgo: Peñíscola es una de esas ciudades privilegiadas que, conservan parte de la magia de tiempos pasados en cada uno de los rincones y plazas de su casco antiguo y murallas que, han protegido y visto pasar a personajes ilustres como Jaime I , El Papa Luna, Felipe V, y mas recientemente a otros como Alfonso XIII, Sofía Loren y Pepe Isbert : transportan al visitante a un universo en el que cada piedra de su conjunto, late historia y cultura para disfrutar en cualquier momento tumbado en alguna de sus murallas sobre el mar. .

Mas de 2500 años de historia, han creado un sugerente galería de leyendas, tradiciones, edificios y hechos históricos, que nos invitan a sumergirnos, mas como viajeros que como turistas, en la búsqueda de los orígenes y leyendas de esta ciudad declarada conjunto histórico-artístico en 1972. Buena prueba de ello son sus fiestas patronales, su castillo templario, haber sido una de las tres sedes papales de la Cristiandad junto a Roma y Avignon y, la leyenda que dice que fue aquí donde Anibal, tras su paso por Sagunto, juró odio eterno a los romanos.


Los 500 años de dominación musulmana convirtieron a "Banaskula " nombre referencial árabe para Peñiscola, en un importante puerto, que, con la reconquista cristiana aumentó. Unos restos de puerto antiguo que podrán encontrar en la zona de la Porteta.

Desde 1294 a 1307 se construyó el castillo, bajo la presencia en la ciudad de la todopoderosa orden del temple, sobre los restos de la antigua alcazaba árabe. Un castillo inacabado e interrumpido debido a la abolición de la propia orden por Clemente V, artífice, junto con el rey de Francia, de los orígenes del inicio del Cisma de Occidente .

Mas tarde fue Felipe II quien acondicionó las murallas frente a la piratería en nuestras costas levantinas. La Torre de la Badum , torre vigía enclavada en pleno parque natural de la sierra de Irta, es otro vestigio del paso de la época imperial por estas tierras. Hoy en día, todavía se conserva su escudo de 1571.

Con la guerra de Sucesión, la de Independencia y las guerras Carlistas, llegamos a 1890, año en que Peñiscola pierde su importancia militar, ya que su arsenal es desmantelado y trasladado a Cartagena.

A partir de aquí, con la llegada del turismo en los 60 y con su alto componente histórico-artístico, y en una efervescencia continua: Peñíscola ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos ofreciendo una oferta amplia, heterogénea y de calidad; convirtiéndose en uno de los referentes turísticos mas preciados por sus extensos valores culturales, históricos, medioambientales y paisajísticos.
Su personaje central es el aragonés Benedicto XIII, mas conocido por el papa Luna

El Castillo de Peñíscola
Ubicados en una roca, casi dentro del mar, algunos. Pero que hayan podido participar en un momento de la historia de Europa como fue el Cisma de Occidente, desde el privilegiado puesto que le confirió ser una de las tres sedes pontificias que a lo largo del dramático proceso hubo en el mundo cristiano, tan solo Peñíscola, en toda España, y sobre todo su Castillo, jaula de oro donde se recluyó Benedicto XIII, solo este.

Fue esta la época más importante de los más de 700 años que tiene la fortaleza. Sin lugar a duda, los años en que sirvió de refugio al Papa Luna. Para poder entender la personalidad de tan insigne figura, fundamental en la historia de Europa, se han de recorrer sus austeras salas, sobrios patios y adustas torres, todo el conjunto rodeado por el omnipresente Mediterráneo, del que Benedicto fue Papa: el Papa del Mar.

Verano
De 09:30 h. a 21:30 h.

sábado, 23 de mayo de 2009

El 23 de Mayo moria en Peñiscola en 1423 Benedicto XIII

Baculo de Benedicto XIII





El 23 de Mayo moria en Peñiscola en 1423 Benedicto XIII

Un aragonés universal, Benedicto XIII, el Papa Luna

Hoy, 23 de Mayo en 1423, en su palacio de Peñíscola, rodeado de sus mas fieles seguidores, el tintan del papado, el hombre incorruptible, que jamás se dejó amedrentar él, que no hubo poderes, ni dinero o prebendas que le hicieran ir en contra de lo que su conciencia le dictaba, rindió su alma a su creador Dios. Dejado un poco de la mano de los hombres por bastardos intereses, pero siempre protegido por la mano de Dios, que quiso que viviera el tiempo suficiente para purificarse y dar testimonio de él, algo que siempre hizo a pesar de las torpes maniobras de los hombres, papas y reyes incluidos, que sabían que estaba la razón de su parte pero que lo sitiaron, primero en Avigñon y después dejándolo solitario en el refugio que le prestó la Orden del Temple, propietaria del rocoso castillo de Peñíscola en la provincia de Castellón

No hay duda que Illueca y mas Peñíscola le deben su fama, la una debido a su nacimiento y la otra a esos años que la convirtió en el centro del universo, única ciudad después del vaticano y de Avigñon que ha sido sede Pontificia, porque no hay que engañarse, Peñíscola estuvo siempre en las mentes de todos muchos años después de que Benedicto XIII, atravesara el umbral de este mundo, hoy sin Benedicto XIII pocos sabrían que estaba en el mapa y Peñíscola sabe vivir de cara a este personaje que les dio todo, de forma impecable.

Hasta allí Martín V, el papa salido del conciabulo de Constanza, llegó su emisario con la única idea y pretensión de envenenar al anciano pontífice, que por entonces ya era nonagenario, pero Dios que velaba por él no consintió que muriera tan gran personaje como una vulgar rata de alcantarilla, y con una tisana, hoy popular, hizo que vomitara lo ingerido y saliera de este trance fortalecido, ya que el rey de Aragón Alonso V, le prestó bajo cuerda obediencia y protección. Muchos fueron los que volvieron sus ojos hacia el anciano pontífice al ver en él la mano poderosa de Dios, pues después de ésto aun vivió cerca de seis años en perfectas condiciones lucidas, algo muy poco frecuente en aquellos siglos, mientras Martín V seguía maquinando el ver como deshacerse de esa fortaleza humana aunque menudo de cuerpo, pues según decía “ Mientras este la sombra de Benedicto no tendré paz”

En sus 96 años de fecunda existencia, fueron muchas las luchas que vio, inmersos su papado en la guerra de los cien años, sin ella es muy posible que Benedicto XIII, hubiera sido mas aceptado como pontífice, reformó la curia, saneo al clero, puso orden en sus fieles, intervino de forma directa en el compromiso de Caspe y organizo con mano suave en guante de hierro todo lo relativo a su jurisdicción. Fue uno de los personajes mas cultos de su tiempo, querido, respetado y temido por lo mismo, nadie puede acusarle de llevar una vida poco acorde con su condición de noble en lo civil y de santo en lo eclesiástico.

Aquí, rodeado de sus pocos files y de sus libros, tuvo una de las mas importantes bibliotecas de su tiempo, rindió cuentas al altísimo, con las manos muy llenas de obras buenas.

Muchos confunde tenacidad, con terquedad, tenaz es quien como Benedicto XIII, sabe que algo es verdad y lo mantiene y defiende contra los demás, terquedad por el contrario es afianzarte en algo aun sabiendo que no es cierto
Quienes confunden ese termino no han sabido adentrarse en el animo de este illuecano universal de nacimiento y peñiscolano de corazón o sus torpes conocimientos o maldad no les hacen ver la diferencia. Aun hoy cerca de seis siglos de su muerte no se ponen de acuerdo si aquel conclave que llevó al Cisma, era o no legitimo, Dios, si que sabe donde estaba la verdad y porque lo permitió

Así le sobrevino la muerte el 23 de mayo de 1423.

El cuerpo incorrupto del Papá Luna permaneció algunos años en la capilla del castillo de Peñíscola, pero el sobrino del Pontífice, don Rodrigo, que había defendido, servido y cuidado a su tío con una fidelidad absoluta hasta su fallecimiento, quiso trasladar el cadáver de don Pedro a la bella mansión de los Luna, el castillo palacio de la Villa de Illueca. Allí se habilitó el salón donde naciera el anciano para que descansaran sus restos mortales y allí fue velado por los lugareños durante algún siglo de generación en generación con fidelidad y cariños absolutos. Hasta que las tropas francesas, siempre los franceses metiéndose en la vida de este hombre, creyendo que escondían tesoros levantaron su cuerpo lo registraron y al no en contra nada lo tiraron al cercano río Aranda, donde fue encontrado por unos campesinos con el tronco desgajado del cuerpo, éste aparecería unos días después aguas abajo, siendo guardado en le palacio de Sabiñan, donde tuve el inmenso honor de tocarlo y donde un pañuelo que guardo con amor envolvió ese bendito cráneo por unos minutos

Recientemente, se ha demostrado que el cráneo que hace pocos años fue robado en Sabiñan, es de la época de Benedicto XIII, según una prueba de carbono realizada en EE.UU., y ha sido declarado Bien de Interés Cultural por el Gobierno de Aragón. Así, la reliquia no puede ser vendida fuera de la Comunidad Autónoma. Desde el Ayuntamiento de Illueca, se están dando los pasos oportunos para intentar que la calavera vuelva a su lugar de origen, Illueca.
Francha Menayo

domingo, 26 de abril de 2009

'La fórmula', una novela histórica ambientada en la Corte pontificia de Avigñon

La formula novela historica ambientada en la Corte Pontificia de Avigñon

'La fórmula' de dos mujeres
La escritora Ángeles García-Fresneda presenta un relato sobre dos hermanas que viven en la Alhambra y el Avignon del XIV


Nueve años ha tardado la novel escritora Ángeles García-Fresneda (Castril, 1956) para finalizar 'La fórmula', una novela histórica ambientada en el siglo XIV que relata la historia de las hermanas Ça Riera. Una de ellas se encuentra en la Alhambra y la otra en Avignon, en la corte del Papa Luna. «Es una novela epistolar, que parte de la correspondencia supuestamente encontrada entre ambas hermanas», señala la autora granadina. La alquimia, la farmacopea y la medicina son ingredientes fundamentales en la novela, porque a través de esas cartas, a espaldas de sus autoras, son espiadas para lograr esa poción secreta.

'La fórmula' pretende resolver el misterio de una desconocida sustancia que al ser aplicada a las lujosas prendas de vestir de los sultanes les provocaba una horrorosa muerte, con efectos similares a la lepra.

«Me he servido de la famosa leyenda de la camisa 'entosigada', pero según consulté con los especialistas en Historia de Farmacia de la Universidad de Barcelona, no hay sustancia alguna que produzca ese efecto salvo el gas mostaza», confiesa la escritora.

La novela descubre que la ciencia fue uno de los pocos espacios sociales donde realmente hubo una convivencia pacífica entre las tres culturas, musulmana, judía y cristiana. «En la Alhambra, donde había médicos musulmanes, judíos y cristianos, todos ellos sabios, la convivencia era buena y estaban al margen de la política, y eran contrarios a la guerra», comenta la escritora. «La situación era muy diferente en Avignon, donde el Papa Luna padecía el asedio de los franceses, y los soldados iban en busca de los catalanes y castellanos, lo que lleva a mi personaje a tener que pasar por novicio dominico», añade.

La ciencia ocupa el «sesenta por ciento de la novela, un trabajo de documentación de nueve años sobre la farmacopea, medicina, cirugía y alquimia, que tenían su lógica con el uso de plantas y hongos que usaban como antibióticos, pero todo eso se convirtió en superstición en los siglos XVI y XVII», señala la granadina. «Se produce -dice- un gran sincretismo entre la medicina de Avignon y la de la Alhambra».

Supervivencia
Dos hermanas, dos mujeres y dos entornos diferentes, pero en situaciones similares. «En cuanto a la situación de las mujeres en el siglo XIV había mucho sincretismo», relata García-Fresneda. «La hermana que se encuentra en la Alhambra no tenía más libertad que aquellas que iban por la medina y hacía la vida de las féminas en los palacios nazaríes», explica la novelista. «En cuanto a la que está en Avignon, se la mitad de la novela disfrazada de fraile dominico y se dedica a la botica del monasterio», añade. El tema de la novela más allá de los misterios y las historias de estas mujeres se refiere «al nacimiento de la conciencia del sujeto burgués, porque la hermana Ça Riera granadina se distancia de la masa al ser independiente y ejercer la medicina, y cuando un ser quiere ser libre e independiente surge la soledad». Concibe la novela histórica como aquella «en la que todo está perfectamente documentado y hay que ser honesto con la realidad histórica, porque poner sentimientos del siglo XX a un personaje del siglo XIV es engañar a los lectores».

miércoles, 4 de febrero de 2009

Presentacion en Ambito Cultural Los Silencios del Papa Luna

Los Silencios del Papa Luna
-----------------------------------------------------------




Presentación de la novela:

Miércoles 28 de enero a las 19 horas, en el Auditorio de la Biblioteca Vapor Badia (C/Tres Creus, 127-129) SABADELL.

Viernes 6 de febrero, a las 19:30 horas, en la Sala de Ámbito Cultural de El Corte Inglés (Paseo de la Independencia, 11) ZARAGOZA.
sábado 7 de febrero, a las 19 horas, en el Salón de Plenos del Ayuntamiento (Pl. de España, 1) MALLÉN (Zaragoza).


-----------------------------------------------
Título original: Los Silencios del Papa Luna
Autor: Jesús Caudevilla Pastor
Género: Novela Histórica
Saga:
Año Copyright: 2009
Premios:

En abril de 1430. en el castillo de Peñíscola, se exhuman los restos del aragonés Pedro Martínez de Luna y Pérez de Gotor, conocido popularmente como el Papa Luna, fallecido siete años antes en la fortaleza erigida por los templarios...
Los silencios del Papa Luna recorre la vida de un personaje fuera de lo común que se convirtió en Papa de una Iglesia dividida por el Cisma de Occidente... Un hombre que, antes de alcanzar el pontificado con el nombre de Benedicto XIII, fue soldado, sobresaliente profesor, cardenal de Aragón... pero ante todo un sagaz e inteligente diplomático.

Con gozo expongo la presentacion de este nuevo libro que habla de la vida y avatares del unico papa aragones, de Illueca y del unico papa que se sepa, que NO ha pecado de simonia, lo que no se puede decir de otros papas, incluidos los de los ultimos años y que TODOS o casi todos, hemos conocido, a algunos incluso le dan el apelativo de Magno.

Que despues de mas de seiscientos años de estos hechos se sigan escribiendo, hablando y debatiendo de esta Magna figura, irrepetible en todo, es algo que ha de llamar la atencion del estudioso y no solo hacen Biografias, ensayos, escritos autores aragoneses o peñiscolanos, sino que lo mismo la hacen castellanos, madrileños, andaluces, catalanes que extranjeros.

Es de tal magnitud de esta figura, que se agiganta con el tiempo, que llama poderosamente la atencion de aquel que quierte conocer un poco, no solo la historia de la iglesia, sino del papado y de los acfonteceres del mundo, pues su vida trascurre en medio de la gran guerra de los cien años, que en realidad fueron 116 y donde las potencias sacan lo peor de su entretelas para ver quiuen se hace con el gobierno del mundo mundial, en medio una figura grandiosa que solo ante todos defendio su Verdad con la razon, y pese a todo con no renunciar no por ambicion,sino por lelatad a su conciiencia, evito muchos males mayores a la Iglesia a la que amó con toda sus fuerzas.

Recomiendo su lectura como otras que hablan del Biografiado Puede que sea uno de los papas que mas se ha escrito de él, imcomprensiblemte su mejor Biograf0o y que dió pistas para otros muchos fue un Frances nada menos que en 1893,Franz Ehrle S.J y volvio a escribir en 1906

lunes, 12 de enero de 2009

CASTILLO PALACIO DEL PAPA LUNA

CASTILLO PALACIO DEL PAPA LUNA



Video de: mabarilla, en el que nos enseña toda la magnificencia de este castillo palcio donde vió la luz el papa luna,donde volvió con cierta frecuencia ya que siempre lo llevó tras de si y donde años despues de su muerte fue llevdo su cuerpo hasta que unos franceses buscando joyas lo desmantelaron, pero su espiritu siemprer esta alló, donde estaban sus raices

domingo, 11 de enero de 2009

PAPA LUNA - BENEDICTO XIII - un Papa viajero



Autor de este video: mabarilla Al que le agrdecemos el amor que pone por este venerable pontifice, tan desconocida su verdad y su legitimidad como amado Un papa que debe ser un referente a otros muchos, que debió serlo a otros para no plegarse a los bandeos de los que le rodeaban Unico papa que NO pecó de simonia

miércoles, 24 de diciembre de 2008

Hospederia Papa Luna



Aqui podeis ir a pasar unos dias en paz y compañia Es un pueblo muy tipico donde no solo hay zapatos Quien vaya tiene para pasar un dia muy agradable Para comer en restaurante Benedicto XIII y para dormir en El Parador del Palacio Benedicto XIII

sábado, 20 de diciembre de 2008

Pedro De Luna, (Benedicto XIII)Tal dia como hoy en 1375

Pedro De Luna, (Benedicto XIII) tal dia como hoy 20 de diciembre fue nombrado cardenal por el papa Gragorio XI, con el titulo de Santa Maria in Cosmedin, donde esta la famosa boca de la verdad, esa que pocos politicos meterian sin que les mordiese como cuenta la leyenda



Pedro De Luna, (Benedicto XIII)

(Illueca, Z., 1328 - Peñíscola, Castellón de la Plana, 1423). Cardenal y Pontífice aragonés, conocido como «el Papa Luna».

—El cardenal: Don Pedro Martínez de Luna, elegido Papa en Aviñón (Francia) con el nombre de Benedicto XIII durante el Cisma de Occidente que dividió a la Iglesia a fines del siglo XIV, era hijo de Juan Martínez de Luna y de María Pérez de Gotor, y había nacido en el castillo familiar de la localidad zaragozana de Illueca . Estudió Derecho Canónico en la Universidad de Montpellier, donde obtuvo el grado de doctor en Decretos y se dedicó a la docencia durante algún tiempo, abrazando la carrera eclesiástica que no abandonaría durante el resto de su larga y fructífera vida. Regentó en primer lugar sucesivas canonjías en Vich, Tarragona, Huesca y Mallorca; y después fue canónigo de Cuenca, arcediano de Zaragoza y preboste de Valencia. Pero su alto linaje aragonés, la valía mostrada en sus estudios jurídicos y la moralidad de sus costumbres le granjearon la confianza de la Curia romana e hizo que el Papa Gregorio XI se fijara en su persona, designándole cardenal-diácono con el título de Santa María in Cosmedin el 20-XII-1375. En 1377, don Pedro de Luna acompañó al Papa Gregorio que abandonaba Aviñón para regresar a Roma; actitud que provocaría el comienzo del Cisma por la oposicion del clero francés a dicho traslado.

Su recio carácter y el prestigio personal adquirido por el cardenal aragonés le convirtieron enseguida en figura de primer orden en la Iglesia, viéndose inmerso en los acontecimientos desencadenados cuando a la muerte de Gregorio XI, en 1378, fueron elegidos Urbano VI en Roma y Clemente VII en Agnani, confirmándose el Cisma de Occidente con la división de obediencias en el mundo cristiano. Don Pedro de Luna se inclinó por el Papa Clemente, poniéndose a su servicio en Aviñón y actuando en la Península Ibérica como legado pontificio ante los reyes de Castilla, Navarra, Portugal y Aragón. Desde 1378 hasta 1389 residió habitualmente en su país natal, haciendo frente a las denuncias de Urbano VI —el Papa de Roma— y a la inicial reticencia de las monarquías españolas. Pedro IV de Aragón se mantuvo desde un principio neutral con Roma, pero sin abandonar sus buenas relaciones con Aviñón, lo que permitió que los aragoneses recibieran con simpatía al cardenal legado. Esta aceptación fue correspondida por Clemente VII, que otorgó al monarca, en 1379, una décima trienal en sus estados y la fundación de la Universidad de Perpiñán a petición del mismo.

Pedro IV supo conjugar durante toda su vida la rivalidad de los papas, manteniendo al maestre de Rodas, Juan Fernández de Heredia , como emisario junto a Clemente VII y realizando continuas encuestas de aceptación en sus reinos de una u otra obediencia. La respuesta de los súbditos de la Corona estaba implícita en las simpatías que por lo general profesaba el clero en la figura de don Pedro de Luna, quien asimismo contó con la fiel amistad de San Vicente Ferrer, que dedicaría al cardenal aragonés su obra De moderno eclesiae schismate. Poco antes de morir en 1387, Pedro IV rompió definitivamente con Roma y su sucesor Juan I se inclinaría decididamente por el Papado aviñonés, afirmando la obediencia oficial a Clemente VII en una asamblea reunida a tal efecto en Barcelona el mismo año de su acceso al trono y designando a don Pedro de Luna como su ejecutor testamentario.

La actividad del cardenal aragonés lo hizo famoso también fuera de la Corona de Aragón. Don Pedro de Luna significó el alma de la reforma de la disciplina eclesiástica aceptada en el concilio nacional de Palencia de 1388 por la fuerza de sus decretos irrefutables, que fueron reconocidos; e incluso el propio Papa de Roma, Bonifacio IX —que había sucedido a Urbano VI—, alabó su talento y sus méritos. Castilla aceptaría al Papa Clemente por su mediación en 1381 y Navarra en 1390, antes de que, el 15 de diciembre de este último año, Pedro de Luna regresara a Aviñón una vez cumplida su misión española. No obtendría sin embargo el mismo éxito en su legación ante buena parte de Francia, Flandes e Inglaterra; a pesar de su defensa en la Universidad de París, el año 1393, de la causa aviñonesa, que provocó cierto malestar y desconfianza en el clero francés y en el sector universitario, originándose el alejamiento de Clemente VII de su estima. Pero la muerte de este Papa en 1394, colocaría de nuevo en primer plano a Pedro de Luna al ser elegido para sucederle el 28 de septiembre del mismo año, apenas doce días después de la desaparición de su predecesor. Con ello se perdía la ocasión —apuntada por el propio elegido en su debate de París— de terminar con el Cisma; sin que la presión del rey de Francia ante el cónclave para que no se procediera a la elección surtiera efecto.

—El Papa: Por veinte de los veintiún votos disponibles fue elegido Papa don Pedro de Luna, adoptando el nombre de Benedicto XIII. Los cardenales que intervinieron en el cónclave se habían comprometido previamente, en su mayor parte, a terminar tan delicada situación en el caso de ser elegidos, aun a costa de renunciar al pontificado. El cardenal aragonés, no sin cierto recelo inicial, suscribió la cédula que recogía dicha moción; pero la rápida elección desconcertó a todos los que intentaron interponerse a la misma. Los estados de la Corona de Aragón acogieron el triunfo de su paisano como una causa nacional, y el resto de los reinos europeos vieron en ello el inminente final del cisma por la honradez y prestigio del elegido. Las buenas intenciones de Benedicto XIII a este respecto quedaron ratificadas en el contenido de las múltiples bulas enviadas por su voluntad a los monarcas cristianos, en las que expresaba su sincero deseo de concluir con la división de la Iglesia. Dos vías quedaban abiertas para ello: la abdicación de los dos papas propuesta por el rey Carlos VI de Francia o la discusión y entrevista con Bonifacio IX señalada por el propio Benedicto XIII, seguro del triunfo final de su dialéctica.

Pero la obstinación de don Pedro de Luna en su postura provocó el apartamiento de los cardenales de Aviñón, hasta el punto de que tan sólo cinco de ellos le quedaron fieles, refugiados en la fortaleza papal durante cuatro años en los que la división de opiniones se diversificó: desde la reprobación de San Vicente Ferrer y del rey de Francia hasta las simpatías de Martín el Humano , rey de Aragón, que le envió una flota para restacarle en 1399. Tras la liberación, Benedicto XIII recobraría la confianza de Castilla y Francia —Aragón no le había retirado su apoyo— así como el prestigio político que trajo consigo, incluso, la sumisión de algunas ciudades italianas. A ello se sumó la intención fracasada de acabar el cisma por «vía de justicia», acudiendo personalmente a Italia para entrevistarse con Inocencio VII, que había sucedido a Bonifacio IX; y otro tanto ocurriría con Gregorio XII, que, a su vez, sucedió a Inocencio VII.

En 1408, y ante la demora de la solución, Carlos VI de Francia declaró la neutralidad de su reino, iniciándose una nueva etapa en la cuestión del cisma. El concilio de Perpiñán, reunido por el Papa Luna con el apoyo del rey Martín de Aragón y que se definió a favor de la legitimidad del Pontífice de Aviñón, quedaría relegado y desautorizado por el concilio de Pisa que declaró cismáticos a los dos papas.

En este concilio de Pisa de 1409 se arbitró la elección de un nuevo pontífice —Alejandro V— que obligara a renunciar a los dos existentes; pero esta solución no hizo sino consagrar la división tripartita de la iglesia. Benedicto XIII se refugiaría en la Corona de Aragón excomulgando a quienes se oponían a sus derechos y a partir de este momento los acontecimientos tomarían otro cariz.

La solución de Pisa constituyó el inicio de una nueva etapa en el comportamiento de Benedicto XIII, quien escribiría en su defensa el tratado De novo schismate y comenzaría a interesarse vivamente por la iglesia aragonesa así como por la política de la Corona. Dos hechos destacan sobre todo en esta actitud: la intervención en el «interregno » abierto en Aragón tras la muerte del rey Martín el Humano sin sucesión directa en 1410 —que terminó en el Compromiso de Caspe de junio de 1412— y la regencia personal del gobierno y administración de la diócesis de Zaragoza, vacante de titular por el asesinato del arzobispo Fernández de Heredia en 1411. Años antes, en 1405, había regalado a la iglesia zaragozana unos bustos-relicarios en plata destinados a guardar los restos de San Valero, San Vicente, San Lorenzo y Santa Engracia. La elección de Fernando I de Trastámara para ocupar el trono en 1412 reforzaría la postura del Papa Luna, que veía en él un importante valedor para contar con el apoyo de todos los reinos peninsulares. Por otro lado, su participación en el éxito de la llamada «controversia de Tortosa», que fue una prueba teológica de convencimiento para los judíos aragoneses, y la conversión de muchos de ellos con este motivo, fortalecieron la respetabilidad que ofrecía ante sus paisanos así como la defensa de sus derechos legítimos.

Un nuevo concilio, esta vez convocado en Constanza para el mes de noviembre de 1414 por especial interés del emperador de Alemania Segismundo, al objeto de terminar decididamente con el cisma, y que logró la deposición de Juan xxiii —sucesor del Papa pisano Alejandro V— así como la renuncia de Gregorio XII —sucesor de Urbano IV en Roma—, abriría el definitivo aislamiento de Benedicto XIII en su refugio de Peñíscola. La entrevista mantenida en 1415 en Perpiñán entre el Papa aragonés, el emperador y el rey de Aragón sirvió únicamente para que Pedro de Luna se aferrase a su causa con terquedad; por lo que el abandono definitivo de San Vicente Ferrer y de Fernando I se consumó. La sustracción de la obediencia al Papa Benedicto XIII dictada por el monarca a comienzos de 1416 para todos sus estados y ratificada por su sucesor Alfonso V el Magnánimo , colocaron al ya considerado «antipapa» aragonés en una situación de total reclusión en Peñíscola. Allí culminaría sus días abandonado de todos, aislado, declarado hereje y excomulgado por el nuevo Papa Martín V en 1417; pero por encima de todo, convencido de su legitimidad en el derecho irrenunciable que la Providencia le había deparado. Su muerte en el exilio a los 95 años de edad no significaría, ni mucho menos, el olvido de los reinos que primero le amaron y le abandonaron después en su obstinación. Su figura ha sido objeto de numerosos estudios en todos los tiempos y desde diversos puntos de vista sin embargo, todavía hoy se debate entre la grandeza de su alma gigante y la servidumbre mundana de su tesonería en la defensa de los derechos adquiridos en el Pontificado.

• Bibliog.: Alpartil, Martín de: Chronica actitatorum temporibus Benedicti XIII; ed. F. Ehrle, Paderborn, 1906. Puig y Puig, S.: Pedro de Luna. Último Papa de Aviñón (1387-1430). Giménez Soler, A.: El carácter de don Pedro de Luna; Zaragoza, 1926. Rubio, J. A.: La política de Benedicto XIII desde la sustracción de Aragón a su obediencia hasta su destitución en el concilio de Constanza; Zamora, 1926. Martín Rodríguez, A.: «Benedicto XIII y el reino de Aragón»; Hispania, XIX, 1959, pp. 163-191. Glasfurd, A.: The antipope (Peter de Luna, 1342-1423); London 1965. Pillement, G.: Pedro de Luna, le dernier Pape d’Avignon; París, 1955.

lunes, 1 de diciembre de 2008

La estatua del Papa Luna contará con un área ajardinada



La estatua del Papa Luna contará con un área ajardinada

La escultura dedicada a Benedicto XIII, el Papa Luna, en la entrada principal al Castillo de Peñíscola se completará en las próximas semanas con la adecuación y remodelación, por parte de los técnicos de la Diputación, de la zona rocosa que hay junto al monumento.

En concreto, la estatua contará, en breve, con un acceso lateral para que los visitantes puedan acceder directamente hasta la misma. Dicho acceso contará también con una superficie ajardinada, con plantas autóctonas de Peñíscola.

La pieza, realizada en bronce, es obra del escultor Sergio Blanco y representa al pontífice aragonés ya anciano

martes, 11 de noviembre de 2008

El gran Cisma de Occidente, su finalización el 11 de Noviembre de 1417?.



El gran Cisma de Occidente, su finalización el 11 de Noviembre de 1417?.

A la muerte de Gregorio XI en Roma, que le sorprende cuando estaba haciendo los preparativos para volver de nuevo a Aviñón, de donde había salido hacia un par de meses, se producen los hechos del mal llamado Cisma de Occidente, del que es indiscutible protagonista nuestro amado pontífice, el Illuecano Papa Benedicto XIII, pontífice de la Obediencia de Aviñón

Hechos acaecidos
Muere Gregorio XI, y a su muerte tal como él había dispuesto se celebra el Conclave sin esperar a los cardenales que estaban todavía en Avigñon, se elige después de cierta algarabía, con destrozos de la puerta del Conclave por el pueblo, que gritaba “ Romano o italiano lo queremos” muchos fueron los Cardenales que votaron por el elegido Urbano VI, por miedo a ser asesinados como decían, es cierto que El Cardenal de Aragón Pedro Martínez de Luna, votó sin miedo y a quien le dio la gana, no sabemos, pues nunca desveló porque voto a Urbano y no a otro, pronto se dieron cuenta, de que había sido un error votar por miedo al que quería el pueblo, así que una vez que había venido los que faltaban, le pidieron al Cardenal de Aragón, rectísimo y uno de los mejores canonista de su época que estudiara si había sido valida o no, Don Pedro lo estudió y concluyó que si era verdad, y así lo juraban los Cardenales, que SOLO por miedo habían votado al elegido, esa elección era viciosa y por lo tanto no era legal.

Reunidos otra vez todos los cardenales, incluido algunos de los partidarios de urbano VI, se reunieron y eligieron un nuevo papa dando lugar al Cisma de occidente

Trayectoria del papado en Aviñón.

El elegido fue Clemente VII, un francés, Nuncio suyo y con plenos poderes fue para España y Portugal elegido El cardenal de Aragón, que durante 16 años fue explicando los hechos, atrayendo hacia Avigñon la obediencia que se le sustraía a Urbano VI, el papa de Roma.

Durante 16 años toda Francia está con el papa de Avigñon, muere Clemente y en el Conclave es elegido por 20 votos de 21 Pedro Martínez de Luna y ahora, sí, al no plegarse a los designios de la manipuladora Francia, empiezan a cuestionar su autoridad, es cercado en Avigñon y con la ayuda del rey aragonés y de sus fieles sale con vida, refugiándose en Peñíscola.- Alli ejercerá con gran prudencia su papado, mientras hace ímprobos esfuerzos por la terminación del Cisma que todos desean, pero todos desean hacerlo a su manera y no conforme al derecho, por lo que Benedicto XIII, se opone, diciendo que eso traería a la larga muchos conflictos que para nada solucionarían el que había, pero ni el rey de Francia Felipe, ni mucho menos el arrogante Segismundo de Alemania quieren no tener ellos el honor de terminar con ese Cisma, sin olvidar que en este contexto esta la guerra de los cien años ( en realidad fueron 116 años). Mientras, Benedicto XIII se mantenía firme, que algunos confunden estupidamente con terquedad, en su trayectoria papal en Roma, que nada había cambiado, se van sucediendo los papas, Bonifacio, Inocencio, Gregorio

Nuevos concilios y tres papas
A instancias del rey de Francia se reúnen ciertos cardenales y eligen a un tercero papa y así no hay dos, sino tres papas.- El de Roma, el de avigñon y ahora el de pisa.- Esta elección no solo no resolvió nada, sino que empeoró las cosas, la legitimidad del propio concilio estaba en duda, mas los disturbios que produjo en otros países entre los partidarios de uno y de otros, aunque en esta liza estuvieron mas los de Roma.

El elegido fue un francés que se llamó Alejandro V, después de éste le sucedió Juan XXIII ( no confundir con Juan XXIII de 1958).

Benedicto XIII, pese a su avanzada edad seguía con gran actividad y decencia ejerciendo como legitimo Papa, reformó la liturgia, el clero, conventos y todo lo que él veia que debía reformarse, a la vez fue un gran mecenas de las artes y propulsor de muchas Iglesias.

Pero no estaban conformes las potencias con que hubiera ahora no dos, sino tres papas, e impulsados por el soberbio Segismundo de Alemania, se impuso la tesis conciliarista, que es, que el poder civil puede sin la autoridad papal imponer un concilio y convocarlo, algo que se cae por su peso que no es posible y otro concilio al canto, esta vez en Pisa, después de convocar a los tres papas, de considera a uno huido desertor y a Benedicto XIII, cismático y hereje amen de otras florituras, de allí salió Martín V, el 11 de Noviembre de 1417, por eso eligio el nombre de Martín, por ser el santo del día San Martín de Tours, francés, pero un santo muy ligado a la Corona de Aragón.

Una de las conclusiones descabelladas que sacaron es que el papa debía convocar un concilio cada diez años y cada tres dar cuenta de sus papado a las potencias mundiales, algo que Martín V se saltó en la primera ocasión, demostrando que el Concibo NO era superior al Pontífice, ni nadie salvo el papa podía convocar un concilio, algo que había clamado Benedicto XIII sin que le escucharan.-

En 1881 el Concilio Vaticano I, le daba a Benedicto XIII la razón, un concilio NUNCA puede estar por encima del papado, y un concilio si no es convocado por el papa libremente no es concilio, triunfando asi la tesis de benedicto XIII, es más el concilio adoptó un nuevo dogma, el de la infalibilidad del pontifice


Y eso ocurrió, tal día como hoy, y aunque es la fecha de la finalización del Cisma, no es del todo cierta.- No hay que olvidar que Benedicto XIII, vivía y era el único que legítimamente podía acabar con el Cisma renunciando por si mismo, pero no por imposición de nadie, el mismo lo dijo, pero los poderes civiles ciegos y sordos de imponerse a todos no le hicieron caso.

Benedicto XIII, el Papa Luna, siguió imperturbable en su postura y murió en 1423, a los 96 años en Peñíscola, a donde había mudado la sede papal, en el antiguo castillo de la Orden del Temple, sufriendo un ennenamiento por orden del Papa Martin V., que la sombra alargada de benedicto le estorbaba.-

Después de la muerte de Benedicto XIII

Tras ello, sus cardenales eligieron a su sucesor, Gil Sánchez Muñoz, que tomó el nombre de Clemente VIII, último papa de la obediencia de Aviñón, en el Salón del Cónclave del castillo de Peñíscola, lugar donde residió hasta su abdicación en Martín V, siendo por este colmado de obsequios y del cardenalato en mallorca donde esta enterrado. Ésta se produjo en 1429 en San Mateo, Castellón, debido a las presiones políticas del rey de la Corona de Aragón, Alfonso V, inmerso en la conquista del Reino de Nápoles.

Con esta última abdicación quedó en parte finalizado el Cisma, porque, que garantías hay de que lo hiciera libremente y no impulsado por las presiones?.- Pues queda la duda si el actual es o no legal dentro de una ilegalidad, mi opinión es que es un papa legal dentro de una ilegalidad y esa es la cuestión por la que Roma pasa de tapadillo por este crucial episodio de su historia sin querer enjuiciarlo y meterle el diente Benedicto XIII, tiene detractores, pero cada vez tiene mas defensores.

BOIRA_A
Zaragoza 11 de Noviembre de 2008

Blog Hispanico

Enlance a Directorio maestro

Directorio de blog de España

Directorio de blogs en España